Quiero seguir siendo excelente en mi trabajo, pero también quiero tener una vida fuera de él y esta reorganización me permite hacer ambas cosas. Para su sorpresa, Gustavo sonrió. Finalmente, llevaba años esperando que encontraras algo más allá del trabajo. Apruebo tu propuesta. Empieza el nuevo territorio el mes que viene. Las dos semanas siguientes fueron un torbellino de actividad. Teresa reorganizó su agenda, preparó presentaciones para los nuevos clientes potenciales y comenzó el proceso de hacer su apartamento un poco menos impersonal.
Colgó algunas fotografías. compró plantas, añadió colores, no iba a estar allí tanto tiempo como antes, pero cuando estuviera quería que se sintiera menos como una celda y más como un hogar. Y cada noche hablaba por teléfono con Ramón. Conversaciones largas sobre sus días, sobre los progresos en el taller, sobre los planes para cuando Teresa regresara. Lucía a veces se unía a las llamadas compartiendo historias sobre el colegio o preguntando sobre el proceso de reorganización del territorio. Finalmente llegó el día.
Teresa cargó su vehículo con más cosas de lo usual, ropa para varios días, su computadora portátil, libro sobre gestión de talleres y una caja de dulces gourmet que había comprado como regalo para Ramón y Lucía. El camino de regreso al pueblo fue completamente diferente al de su partida. Esta vez, cada kilómetro que la acercaba llenaba su corazón de anticipación y alegría. No estaba huyendo de nada, estaba corriendo hacia algo. Llegó al pueblo al atardecer, justo cuando el sol pintaba el cielo de naranjas y rosas.
condujo directamente al taller y al ver la camioneta de Ramón estacionada afuera, sintió que finalmente estaba en casa. Entró al taller y lo encontró trabajando en un motor concentrado en su tarea. Por un momento solo lo observó, apreciando la imagen de este hombre bueno, haciendo el trabajo que amaba. ¿Necesitas ayuda con eso?, preguntó finalmente. Ramón se giró tan rápido que casi tira una herramienta. Cuando la vio, su rostro se iluminó con una sonrisa que hizo que todo el viaje, toda la espera valiera la pena.
Regresaste. Te dije que lo haría. Se encontraron a mitad del taller y el abrazo fue todo lo que Teresa había estado soñando durante dos semanas. Sólido, cálido, real. ¿Cuánto tiempo te puedes quedar?, preguntó Ramón. tres días esta vez, pero voy a regresar cada dos semanas. Es oficial. Mi jefe aprobó la reorganización del territorio. En serio, Teresa, eso es lo correcto, completó ella. Para mí, para nosotros, para mi carrera, todo encaja. Lucía llegó poco después y su grito de alegría cuando vio a Teresa pudo haberse escuchado en todo el pueblo.
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