PADRE SOLTERO AYUDÓ A UNA MUJER SIN SABER QUE ERA LA JUEZA QUE TENÍA SU DESTINO EN SUS MANOS…

¿Cuándo puedo verlos entonces? Te los dejaré el miércoles por la tarde y podrás tenerlos hasta el jueves por la noche. Pero tengo que trabajar el jueves. Ese no es mi problema, Manuel. Organízate. La llamada terminó tan abruptamente como había comenzado, dejando a Manuel con un nudo en la garganta. Claudia sabía perfectamente que no podía faltar al trabajo, no ahora que Francisco lo vigilaba especialmente tras su retraso. Estos pequeños enfrentamientos se habían vuelto rutinarios desde la separación. Lo que más le dolía no era la actitud de Claudia, sino el daño que esta situación causaba a los niños.

Martín, siempre sensible, había comenzado a mostrar signos de ansiedad. Lucía, por su parte, se había vuelto más retraída, como si intentara hacerse invisible para no causar más conflictos. “Esto tiene que terminar”, murmuró Manuel mirando la fotografía de sus hijos que guardaba en su cartera. “Necesitan estabilidad. Necesitan saber que ambos padres los amamos independientemente de lo que haya pasado entre nosotros.” Aquella tarde después del trabajo, Manuel decidió visitar a su padre Ricardo. El anciano vivía solo desde la muerte de su esposa 5 años atrás, pero mantenía un espíritu jovial que contrastaba con las arrugas que surcaban su rostro.

“Hijo, qué sorpresa verte entre semana”, exclamó Ricardo al abrirle la puerta. Manuel se dejó abrazar por su padre, sintiendo una oleada de nostalgia por aquellos tiempos en que un abrazo paterno parecía capaz de solucionar cualquier problema. Necesitaba hablar, papá. Ricardo lo condujo hasta la pequeña sala, donde el aroma a café recién hecho impregnaba el ambiente. Sin preguntar, sirvió dos tazas y se sentó frente a su hijo. Es sobre la audiencia, comenzó Manuel dudando cómo explicar la situación.

Hay algo extraño que ha pasado. Con palabras entrecortadas, le contó a su padre sobre el encuentro con Elena en la carretera y la sorpresa al descubrir que sería ella quien presidiría su caso. Y ahora no sabes si decírselo a tu abogado, concluyó Ricardo comprendiendo el dilema de su hijo. Manuel asintió. Si lo menciono, podría parecer que intento sacar ventaja. Si no lo hago, y ella me reconoce durante la audiencia. Ricardo guardó silencio un momento sopesando la situación.

Hijo, siempre te he enseñado que la honestidad es el único camino. Si tienes que perder la custodia siendo honesto, que así sea, pero no querrás ganarla con un engaño, por omisión que sea. Las palabras de su padre resonaron profundamente en Manuel. Ricardo siempre había sido así, incapaz de contemplar siquiera las zonas grises de la vida. Para él lo correcto era lo correcto, sin importar las consecuencias. “Hablaré con Raúl mañana”, decidió finalmente. Al día siguiente, el abogado escuchó su relato con una mezcla de sorpresa e incredulidad.

“¿Me estás diciendo que te encontraste casualmente con la jueza Medina y la ayudaste con un pinchazo y ella no sabe que tú eres el Manuel Gómez de su caso, así es? Apenas intercambiamos nombres de pila. Raúl se reclinó en su silla pensativo. Esto es inusual. Por un lado, podríamos solicitar que se recuse del caso por conflicto de interés. Por otro, ¿por?, preguntó Manuel intrigado por la pausa de su abogado. Por otro, este encuentro casual podría haber creado una impresión positiva en ella.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.