Manuel caminó por los pasillos del juzgado, incapaz de quedarse quieto, mientras Raúl hablaba por teléfono con otros clientes. En un momento se encontró frente a frente con Claudia, que había salido a tomar aire. Manuel, ¿no tienes que decir nada, Claudia? Sí, tengo que hacerlo. Ella respiró hondo. Lo que dijiste ahí dentro razón sobre los niños, sobre lo que necesitan. Manuel la miró sorprendido. No esperaba este momento de vulnerabilidad de quien había sido su adversaria durante los últimos meses.
“Nunca he dudado que eres un buen padre”, continuó ella. Es solo que después de la separación sentí que tenía que protegerlos, demostrar que podía darles todo lo que necesitaban yo sola. No tienes que hacerlo sola”, respondió Manuel suavemente. “Nunca tuviste que hacerlo.” Claudia asintió con lágrimas contenidas en los ojos. “Lo sé ahora.” Antes de que pudieran continuar la conversación, fueron llamados de vuelta a la sala. El juez Vega ya estaba sentado con un documento en las manos.
Después de considerar cuidadosamente todos los elementos de este caso, comenzó, “He llegado a una decisión que considero justa y en el mejor interés de los menores.” Manuel contuvo la respiración. Se concede la custodia compartida a ambos progenitores con un reparto equitativo de tiempo y responsabilidades. El señor Gómez tendrá a los niños de lunes a miércoles por la tarde y la señora Vargas de miércoles por la tarde a viernes. Los fines de semana se alternarán. Ambos padres deberán coordinarse para asistir juntos a eventos importantes como conferencias escolares, citas médicas y celebraciones.
Una oleada de alivio inundó a Manuel. Custodia compartida, equitativa, era más de lo que se había atrevido a esperar. Señor Gómez, señora Vargas, continuó el juez, “les insto a recordar que a pesar de sus diferencias personales, comparten la responsabilidad más importante. El bienestar de sus hijos. La manera en que manejen su relación como copadres tendrá un impacto profundo en su desarrollo emocional.” Ambos asintieron solemnes. Este tribunal revisará la situación en 6 meses para asegurar que el acuerdo funciona adecuadamente.
La sesión ha terminado. El golpe del mazo selló la decisión. Manuel se giró hacia Raúl, quien sonreía ampliamente. “Lo logramos”, murmuró el abogado, estrechando su mano con fuerza. Gracias, Raúl, por todo. Al salir de la sala, Manuel notó una figura familiar al final del pasillo. Elena estaba allí, aparentemente revisando unos documentos. Sus miradas se cruzaron brevemente y ella inclinó levemente la cabeza en un gesto casi imperceptible de reconocimiento. Manuel le devolvió el gesto sintiendo una extraña mezcla de gratitud y curiosidad.
Había influido ella de alguna manera en la decisión. ¿Qué habría escrito en aquella nota que mencionó Raúl? Nunca lo sabría con certeza, pero en el fondo sentía que su acto de honestidad había tenido algún papel en este desenlace. Las semanas siguientes fueron un torbellino de ajustes y adaptaciones. Manuel adecuó su apartamento para que Martín y Lucía se sintieran como en casa. pintó la habitación que compartirían, compró literas nuevas y llenó la nevera con sus alimentos favoritos. Organizó su horario laboral para estar disponible en sus días asignados, incluso si eso significaba trabajar más horas los fines de semana que le correspondían a Claudia.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
