Y para asegurarnos de que así sea, vamos a adelantar la fecha del compromiso. Patricia sintió como si le hubieran arrojado agua helada. No puedes hacer eso. Puedo y lo haré. La ceremonia será en tres semanas y hasta entonces tus salidas estarán estrictamente supervisadas. Cuando Patricia finalmente logró escaparse para ver a Luis y contarle lo que había pasado, él escuchó en silencio su rostro mostrando una mezcla de dolor y resignación. “Tal vez tu madre tiene razón”, dijo finalmente las palabras doliendo incluso mientras las pronunciaba.
“¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso, Patricia? Mírame, mírame realmente. Soy un trabajador de construcción sin educación formal, sin dinero, sin nada que ofrecerte, excepto excepto honestidad, bondad, una conexión real. No cuenta. Eso cuenta para mí. Cuenta muchísimo, pero no cambia la realidad de quiénes somos y de dónde venimos. Entonces, ¿qué? Simplemente nos rendimos. Luis tomó sus manos entre las suyas. Era la primera vez que se tocaban así y la electricidad de ese contacto los atravesó a ambos. No me estoy rindiendo, pero tampoco quiero ser la razón por la que destruyas tu relación con tu familia.
No puedo ofrecerte la vida a la que estás acostumbrada. No quiero esa vida. Quiero una vida real. ¿Estás segura? Realmente estás segura. Porque una vez que cruces esa línea, no habrá vuelta atrás. Patricia miró sus ojos, esos ojos que la habían cautivado desde el primer momento en el estacionamiento, y supo, con una certeza que venía de lo más profundo de su ser, que sí estaba segura. Nunca he estado más segura de nada en mi vida, pero la certeza y la realidad son dos cosas diferentes.
Las semanas siguientes fueron las más difíciles de sus vidas. Patricia luchaba contra la presión familiar constante, contra las amenazas de desheredación, contra el aislamiento impuesto. Luis luchaba contra sus propios demonios, cuestionándose si era egoísta permitir que ella sacrificara tanto por él. Sin embargo, algo estaba claro para ambos. Lo que habían encontrado juntos era demasiado valioso para dejarlo ir sin luchar. Y aunque no sabían cómo, aunque no tenían todas las respuestas, estaban decididos a encontrar un camino juntos.
El barrio observaba su historia con una mezcla de esperanza y preocupación. Doña Carmen rezaba por ellos cada noche. El padre Ramón ofrecía palabras de aliento. Martín le recordaba a Luis que el amor verdadero vale cualquier sacrificio. Y poco a poco una comunidad entera comenzó a apoyar a esta pareja improbable que se atrevía a desafiar las convenciones sociales en nombre del amor verdadero. La tormenta estaba lejos de terminar, pero ahora no la enfrentaban solos. Y eso descubrieron hacía toda la diferencia.
Hay momentos en la vida donde todo lo que has construido se pone a prueba, donde las decisiones que tomas no solo afectan tu presente, sino que definen completamente tu futuro. Para Luis y Patricia, ese momento estaba a punto de llegar, envuelto en circunstancias que ninguno de ellos podría haber anticipado. Luis despertó esa mañana con una sensación extraña en el pecho. Llevaba varias semanas trabajando en la construcción y aunque el trabajo era agotador, había encontrado cierta paz en la rutina.
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