Padre soltero perdió el trabajo por ayudar a una anciana… sin imaginar que su nieta era millonaria…

Pero esa mañana, mientras se preparaba para ir a la obra, algo le decía que el día sería diferente. En la obra, Vicente el capataz estaba revisando los planos con el supervisor general cuando Luis llegó. Buenos días, Vicente, saludó Luis mientras se ponía su equipo de seguridad. Luis, ven un momento, quiero presentarte a alguien. Luis se acercó y Vicente le presentó al supervisor, un hombre mayor llamado Alfonso. Luis, Alfonso está impresionado con tu trabajo. Dice que eres puntual, responsable y aprendes rápido.

Gracias, Señor. Solo trato de hacer mi mejor esfuerzo. Esa actitud es exactamente lo que necesitamos, respondió Alfonso. Estamos considerando promoverte a asistente del encargado. vendría con un pequeño aumento de salario. Luis sintió una oleada de gratitud y orgullo. Después de todo lo que había pasado, finalmente las cosas comenzaban a mejorar. Sería un honor, señor. Bien, empieza desde mañana. Ah, y por cierto, esta empresa tiene muy buenos contratos con familias importantes de la ciudad. Nos enorgullecemos de trabajar solo con los mejores clientes.

Luis asintió. sin darle mayor importancia al comentario en ese momento. Estaba demasiado emocionado pensando en cómo esta promoción significaría más estabilidad, más posibilidades. Tal vez, solo tal vez, estaría un paso más cerca de poder ofrecerle algo real a Patricia. Pero mientras Luis celebraba internamente su pequeño triunfo, Patricia enfrentaba la batalla más difícil de su vida. La presión en su hogar había alcanzado niveles insoportables. Su madre vigilaba cada movimiento, cada salida, cada llamada telefónica. Las amenazas de desheredación eran constantes.

Sus amigas de la alta sociedad, manipuladas por rumores cuidadosamente plantados, habían comenzado a distanciarse. “Patricia, la modista está aquí para la última prueba del vestido”, anunció su madre esa mañana. Mamá, ya te dije que necesito más tiempo para pensar. No hay nada que pensar. La ceremonia es en dos semanas. Todo está preparado. Los invitados confirmados, el salón reservado. Eduardo y su familia esperando. ¿Y qué hay de lo que yo quiero? Lo que tú quieres es un capricho pasajero.

Lo que necesitas es estabilidad, futuro, el tipo de vida para la que fuiste criada. Patricia sintió las lágrimas quemar sus ojos. Pero se negó a derramarlas frente a su madre. Voy a dar un paseo. No, no vas a ninguna parte. Tenemos cosas que hacer. Necesito aire. Patricia, si sales por esa puerta ahora, habrá consecuencias. Pero Patricia ya estaba caminando hacia la puerta. Su corazón latiendo con fuerza, su mente un torbellino de emociones. Necesitaba ver a Luis. Necesitaba ese ancla de realidad que él representaba en medio de la tormenta.

Condujo hacia el barrio, pero cuando llegó, doña Carmen le informó que Luis estaba trabajando. Patricia decidió esperarlo en la plaza, sentada en su banco habitual, observando la vida del barrio fluir a su alrededor. Los niños jugaban, las madres conversaban, los comerciantes vendían sus productos. Había una simplicidad hermosa en todo aquello, una autenticidad que su mundo había perdido hacía mucho tiempo. Aquí las relaciones eran genuinas, las sonrisas eran reales, el afecto no estaba mediado por cuentas bancarias o apellidos.

Cuando Luis finalmente llegó esa tarde, su sonrisa se desvaneció al ver la expresión en el rostro de Patricia. “¿Qué pasó?”, preguntó sentándose a su lado inmediatamente. Patricia le contó sobre la confrontación con su madre, sobre cómo la presión aumentaba cada día, sobre cómo se sentía atrapada entre dos mundos imposibles de reconciliar. No sé cuánto más pueda resistir, Luis. Me están ahogando. Luis tomó su mano, un gesto que se había vuelto natural entre ellos. Patricia, tengo que decirte algo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.