Padre soltero perdió el trabajo por ayudar a una anciana… sin imaginar que su nieta era millonaria…

Los preparativos para la ceremonia con Eduardo avanzaban inexorablemente. Su madre, notando que Patricia había dejado de visitar el barrio, creía haber ganado la batalla. ¿Ves? Patricia, ese muchacho ni siquiera lucha por ti. Demuestra que no era nada serio, comentó su madre una tarde durante los preparativos finales. Pero su abuela, que había estado observando todo en silencio, finalmente intervino. Patricia, ¿puedo hablar contigo a solas? En la habitación de la abuela, rodeada de fotografías de décadas pasadas, la anciana tomó las manos de su nieta.

Quiero contarte una historia, querida. Una historia que nunca le he contado a nadie en esta familia. Qué historia, abuela. Cuando era joven como tú, también enfrenté una decisión similar. Mi familia había arreglado mi matrimonio con un hombre rico, importante, con todas las conexiones correctas. Pero yo estaba enamorada de otro hombre, un maestro de escuela sin fortuna, pero con un corazón del tamaño del mundo. Patricia escuchaba asombrada. Nunca había escuchado esta historia. ¿Qué hiciste, abuela? Elegí la seguridad.

Me casé con el hombre que mi familia eligió. ¿Y sabes qué, Patricia? No fue una mala vida. Tu abuelo fue un buen hombre a su manera. Tuvimos una familia, construimos un imperio. Pero cada día de mi vida me he preguntado qué habría pasado si hubiera tenido el coraje de elegir el amor. Abuela, no cometas mi error, querida. El dinero puede comprar muchas cosas, pero no puede comprar los años. No puede devolverte el tiempo perdido. No puede darte de vuelta la oportunidad de ser feliz de verdad.

Pero Luis está enojado conmigo. Cree que manipulé su trabajo. Entonces, demuéstrale que no lo hiciste. Lucha por él, Patricia, porque si hay algo que aprendí en mis años, es que el arrepentimiento por las oportunidades no tomadas duele más que cualquier fracaso por haberlo intentado. Esa noche, Patricia tomó una decisión. No sabía cómo resultaría todo. No tenía garantías de nada, pero sabía que no podía vivir el resto de su vida preguntándose qué habría pasado si hubiera tenido el coraje de elegir su propio camino.

Al día siguiente era la víspera de la ceremonia de compromiso con Eduardo. Toda la familia estaba en casa preparándose para el gran evento. Fue entonces cuando llegó la llamada que cambiaría todo. La abuela había sufrido una caída y estaba en el hospital. No era grave, pero necesitaba observación. Patricia corrió al hospital, su corazón dividido entre la preocupación por su abuela y el caos de emociones que había estado sintiendo. Cuando llegó, encontró a su abuela descansando en una cama con algunos moretones, pero en buen estado general.

Abuela, ¿estás bien? Estoy bien, querida. Solo un pequeño tropiezo, pero me alegra que estés aquí. Fue entonces cuando Patricia vio una figura familiar en el pasillo del hospital. Luis estaba allí hablando con una enfermera. Doña Carmen, quien conocía a la familia de la abuela desde el día del estacionamiento, le había informado sobre la caída y él había venido inmediatamente. Sus ojos se encontraron a través del pasillo y en ese momento todas las palabras innecesarias se desvanecieron. El amor que sentían el uno por el otro era más fuerte que el orgullo, más fuerte que las diferencias sociales, más fuerte que cualquier malentendido.

El corredor del hospital era un lugar extraño para una reconciliación, pero a veces la vida no espera escenarios perfectos. Luis y Patricia se miraron durante lo que pareció una eternidad, ambos con lágrimas en los ojos, ambos reconociendo que habían estado a punto de perder algo precioso por miedo y orgullo. “Viniste”, susurró Patricia mientras se acercaba a él. “Doña Carmen me dijo lo de tu abuela. No podía no venir. Ella fue la primera persona que me mostró bondad ese día en el estacionamiento.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.