Eduardo, con quien estaba comprometida desde hacía meses sin haberlo elegido realmente, Eduardo, quien la veía como un trofeo más que como una persona. Ese compromiso fue arreglado por nuestras familias abuela. Yo nunca tuve voz en esa decisión. Lo sé, querida. Por eso mismo te digo que tengas cuidado. Tu madre tiene sus propias ideas sobre cómo debe ser tu vida. Patricia condujo en silencio el resto del camino, pero una semilla había sido plantada en su corazón. En ese breve encuentro en el estacionamiento del supermercado, había visto algo que le faltaba en su vida perfectamente planificada.
Autenticidad. bondad genuina y una conexión que no estaba mediada por apellidos ni cuentas bancarias. No sabía cómo, pero iba a encontrar a Luis nuevamente. Tenía que hacerlo. No solo para compensarlo por la pérdida de su trabajo, sino porque algo en su interior le decía que ese encuentro había sido el comienzo de algo que cambiaría su vida para siempre. Mientras tanto, Luis caminaba por las calles con las manos en los bolsillos. y el corazón pesado. Había hecho lo correcto, de eso estaba seguro.
Pero lo correcto no pagaba el alquiler. Lo correcto no ponía comida en la mesa. Lo correcto acababa de dejarlo sin empleo y sin perspectivas. Sin embargo, en medio de su desesperación había algo que no podía sacarse de la mente. Esos ojos que lo habían mirado con tanta intensidad en el estacionamiento, esa conexión inexplicable con una joven que probablemente nunca volvería a ver. Una joven que claramente pertenecía a un mundo completamente diferente al suyo. “Fue solo un momento,”, se dijo a sí mismo tratando de ser realista.
Ella tiene su vida y yo tengo que concentrarme en sobrevivir ahora. Pero su corazón sabía que había sido mucho más que solo un momento. Había sido una chispa, un destello de posibilidad que había iluminado brevemente su realidad gris. Y aunque tratara de negarlo, esa chispa se había encendido dentro de él y no se apagaría fácilmente. El estacionamiento del supermercado quedó atrás, pero para tres personas ese lugar común y corriente se había transformado en el escenario de un encuentro que alteraría el curso de sus vidas.
La abuela lo sabía con la sabiduría que dan los años. Patricia lo presentía con la intuición que viene del corazón y Luis lo sentía, aunque intentara negarlo por miedo a albergar esperanzas imposibles. A veces la vida cambia en los momentos más inesperados. un acto simple de bondad, un encuentro fortuito, una mirada que dice más que 1000 palabras y tres personas cuyas vidas estaban a punto de entrelazarse de maneras que ninguno de ellos podría haber imaginado esa mañana soleada en el estacionamiento.
¿Alguna vez has sentido que tu vida está siguiendo un guion escrito por otros? que cada paso que das fue decidido antes de que siquiera tuvieras voz para opinar. Patricia conocía esa sensación demasiado bien. Mientras se sentaba en su habitación esa noche, mirando por la ventana hacia las luces de la ciudad, no podía dejar de pensar en lo que había presenciado esa mañana. Los días comenzaron a pasar con una lentitud torturante. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Cada amanecer traía las mismas rutinas vacías, las mismas conversaciones superficiales, las mismas expectativas asfixiantes, pero algo había cambiado dentro de ella, algo que no podía ignorar por más que lo intentara.
Patricia, cariño, ven a desayunar. Tenemos que hablar sobre los arreglos florales para la ceremonia”, llamó su madre desde el comedor. La ceremonia, siempre la ceremonia, como si su vida entera se redujera a ese evento que sellaría su destino con Eduardo, un hombre que apenas conocía, que la miraba como se mira una adquisición valiosa, no como se mira a la persona con quien se compartirá la vida. Ya voy, mamá”, respondió sin entusiasmo, pero antes de bajar tomó su teléfono.
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