Padre soltero perdió el trabajo por ayudar a una anciana… sin imaginar que su nieta era millonaria…

Luis también se sorprendió. Sabía que esto era peligroso, que permitirse sentir algo por alguien tan fuera de su alcance solo le traería más dolor, pero no pudo evitarlo. “Me gustaría eso,”, respondió honestamente. Se despidieron en la plaza bajo las luces que comenzaban a encenderse con el anochecer. Patricia condujo de vuelta a su barrio, pero su mente y su corazón se habían quedado atrás en esas calles sencillas, donde había encontrado algo que su mundo de lujo nunca le había dado.

Autenticidad. Luis regresó a su apartamento esa noche, sintiéndose diferente. Seguía sin trabajo, seguía sin certezas sobre su futuro, pero por primera vez llevaba días sentía algo parecido a la esperanza. No una esperanza basada en soluciones mágicas o rescates financieros, sino algo más profundo, la esperanza de que tal vez, solo, tal vez, no estaba tan solo en este mundo como había creído. Esa noche, en dos partes muy diferentes de la ciudad, dos personas se quedaron despiertas pensando la una en la otra.

Patricia, en su habitación lujosa, se preguntaba cómo podría seguir fingiendo que su vida arreglada suficiente. Luis, en su modesto apartamento, se preguntaba si permitirse soñar con algo imposible era valentía o una nueva forma de tortura. Pero ambos sabían, con esa certeza que viene del corazón más que de la razón, que algo había comenzado entre ellos, algo pequeño aún, frágil como una llama nueva, pero real, y en un mundo lleno de falsedades y conveniencias, esa realidad era preciosa, sin importar cuán complicada pudiera volverse.

días seguirían pasando, los obstáculos seguirían apareciendo, las diferencias entre sus mundos no desaparecerían mágicamente, pero habían dado el primer paso en un viaje que ninguno de los dos podía predecir, unidos por algo más fuerte que las circunstancias, una conexión genuina entre dos almas que se habían reconocido mutuamente en medio del caos de la vida. La vida tiene una forma curiosa de ponerte exactamente donde necesitas estar, aunque no siempre sea donde quieres estar. Luis despertó esa mañana con una mezcla de nerviosismo y esperanza.

Había recibido una llamada de Martín, un conocido del barrio que trabajaba en una empresa de construcción. Necesitaban un ayudante y el salario, aunque modesto, sería suficiente para mantenerse a flote. ¿Estás seguro de que quieres este trabajo, Luis?, preguntó Martín mientras caminaban hacia la obra. Es trabajo duro, bajo el sol, cargando materiales pesados todo el día. Estoy seguro, Martín. Necesito trabajar y no me importa qué tan duro sea. El trabajo honesto nunca me ha asustado. Cuando llegaron al sitio de construcción, el capataz, un hombre llamado Vicente, lo evaluó con la mirada.

Luis sabía que no tenía experiencia en construcción, pero también sabía que era fuerte, dispuesto a aprender y, sobre todo, necesitaba desesperadamente esa oportunidad. Martín dice que eres confiable”, comentó Vicente. “En este negocio eso vale más que la experiencia. Puedes empezar mañana. El horario es de 7 de la mañana a 5 de la tarde. El pago es semanal.” Luis sintió como un peso enorme se levantaba de sus hombros. No era el trabajo de sus sueños, pero era un nuevo comienzo.

Y en ese momento eso era todo lo que necesitaba. Tú que estás leyendo esto, quizás hayas experimentado ese momento de alivio cuando finalmente encuentras una salida después de estar perdido en la oscuridad. Es como respirar por primera vez después de estar bajo el agua demasiado tiempo. Así se sintió Luis ese día. Lo que Luis no sabía era que esa misma tarde, mientras él celebraba internamente su nueva oportunidad, Patricia enfrentaba una conversación que cambiaría todo. Patricia, siéntate, por favor.

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