—Sabes, a veces todavía sueño con Andrés —confesó Carmen—. Él está acostado en la hamaca, llamándome para ver la puesta de sol.
Marta sonrió. —Entonces ve. Él está allí, entre esos árboles. Cada flor que cae es un mensaje de él diciendo que hiciste todo bien.
Carmen cerró los ojos y respiró hondo. Por primera vez, sintió que realmente había cumplido su promesa; no solo a Andrés, sino a la vida.
Un año después, el Hogar Jacarandá completó su primer aniversario. Había música, pastel, risas y lágrimas de emoción.
Camila corrió hacia su abuela con un dibujo en las manos: un corazón gigante rodeado de flores lilas. En el centro, tres nombres: Abuela Carmen, Papá Daniel y Mamá del Cielo.
Carmen tragó saliva. —¿Por qué “mamá del cielo”, mi amor?
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