Pendant dix longues années, cette serveuse a sauté des repas pour pouvoir nourrir quatre petites filles devenues orphelines. Elle a tout sacrifié en silence, sans jamais rien attendre en retour.

Y no fue fácil.

Trabajaba doble turno hasta quedar exhausta, a menudo se saltaba sus propias comidas y posponía sus sueños: un "después" que nunca llegaba. Solo se decía a sí misma: *Mientras coman, mientras puedan mantenerse en pie... entonces yo también seguiré adelante.*

## Palabras que duelen

En el barrio, algunos no entendían. La gente susurraba a su paso, juzgándola sin saber el más mínimo detalle.

"Se está arruinando por hijos que ni siquiera son suyos..."
"Está desperdiciando su juventud..."

"¿Qué sentido tiene? Nunca llegarán a nada..."

A veces, la duda le carcomía el corazón. Se preguntó cuánto tiempo podría seguir cargando con todo esto sobre sus hombros.

Entonces, una pequeña mano se deslizó entre las suyas, una voz tímida susurró: «Mamá Emily...». Y todo volvió a aclararse. Eligió el amor. Otra vez. Siempre.

## Un estruendo en la calle

Doce años después de que el primer plato se pusiera sobre la mesa, una tarde cualquiera, Emily estaba sentada en su viejo porche, con una taza de té tibio en las manos. La calle estaba tranquila, demasiado tranquila. Hasta que el sonido de un motor, pesado y profundo, rompió el silencio.

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