“Mateo… mami tiene que decirte algo muy difícil.”
“¿Qué pasa, mami? ¿Por qué llorás?”
Lucía ni se había dado cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas salían solas, como si el cuerpo supiera antes que ella que ya no podía.
“Hijo… perdóname. Este año… no hay cena.”
Mateo frunció el ceño, confundido.
“¿No vamos a comer?”
“No tenemos dinero, mi amor. No tenemos casa. Estamos durmiendo en el auto… y mami perdió el trabajo.”
Mateo miró alrededor, a la comida que los rodeaba, como si el mundo lo estuviera engañando.
“Pero… hay comida acá.”
“Sí, pero no es nuestra.”
Y entonces Mateo lloró. No con gritos, sino con ese llanto silencioso que quema más que cualquier berrinche. Se le estremecían los hombros chiquitos. Lucía lo abrazó con desesperación, como si pudiera apretar fuerte y fabricar un milagro entre sus brazos.
“Perdóname… perdóname por no poder darte más.”
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
