"¿Quién eres?", logré decir, aunque mi garganta apenas respondía.
El hombre no respondió de inmediato. Miró a Lucía, dormida, y luego a mí. Su sonrisa se ensanchó ligeramente.
"Tranquila, niña", dijo. Tu tío me pidió que lo acompañara.
En ese momento, mi corazón empezó a latir con tanta fuerza que me dolía el pecho. Todo dentro de mí gritaba que algo andaba terriblemente mal. Retrocedí un paso, pensando.
De mi hermana, de la puerta, de cualquier salida posible. El hombre dio un paso adentro.
Y entonces comprendí.
Nadie había venido a ayudarnos.
Había abierto la puerta al peor error de mi vida.
El hombre avanzó despacio, sin prisa, como si disfrutara de mi miedo. Instintivamente levanté las manos, intentando ganar tiempo.
“Mi hermana está enferma”, dije. “No tenemos nada de valor”.
Soltó una risa corta y seca.
“Eso ya lo sabemos”.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
