Maxwell la ayudó a ponerse de pie.
“Mañana hablaremos con un abogado, cambiaremos cerraduras, organizaremos tus cosas. Pero esta noche… descansa. Estás a salvo.”
Por primera vez, Lena creyó esas palabras.
Caminó hacia la ventana. La ciudad seguía viva afuera, indiferente a su tragedia, pero también llena de posibilidades.
“Mi vida… siempre fue suya”, dijo con voz baja. “Pero ya no.”
Maxwell la observó en silencio, con el mismo respeto que un tío tendría por una sobrina a la que acababa de recuperar.
Lena cerró los ojos.
“Voy a recuperar lo que me pertenece.”
Y quizá, si tú que lees esto has sentido alguna vez ese mismo peso… esa misma cárcel invisible… entiendes lo que significa dar el primer paso hacia la libertad.
Si esta historia te tocó, si te despertó rabia, esperanza o fuerza, deja un comentario, comparte o simplemente da un “me gusta”.
No es por números.
Es porque quizá alguien que lo necesita la verá a tiempo.
Porque la libertad empieza cuando decides decir:
“Mi vida es mía.”
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
