Regresé de EE.UU sin avisar… y mi mamá ocultaba algo terrible…

¿Por qué seguía viviendo con mi mamá? ¿Por qué no se había independizado? Traté de hablar con los vecinos. Teníamos un grupo de WhatsApp del pueblo. Yo escribí, “Hola, ¿alguien ha visto a mi mamá últimamente? ¿Está bien?” Varias personas vieron el mensaje. Nadie contestó. Eso me asustó porque en un pueblo chico la gente siempre contesta, siempre saben todo de todos. El silencio significaba algo. Significaba que había algo que no querían decirme. Una noche, como a las 2 de la mañana, hora de California, yo no podía dormir.

Estaba acostada en mi cama mirando el techo, pensando y una sensación horrible me llenó el pecho. Una sensación de que algo muy malo estaba pasando. Agarré mi teléfono y le marqué a mi tía Consuelo, la hermana de mi mamá. Ella siempre había sido directa conmigo. Ella no me ocultaba las cosas, o eso creía yo. Contestó al quinto timbre. Su voz sonaba somnolienta. Bueno, Camila, ¿qué pasó? Le dije, “Tía, necesito que me diga la verdad. ¿Qué está pasando con mi mamá?

¿Por qué está tan rara?” Hubo un silencio largo, demasiado largo, y luego mi tía suspiró y me dijo, “Ay, mi hija, habla con tu mamá. Yo no puedo decirte nada, habla con ella.” Y colgó. En ese momento supe que tenía que regresar. Tenía que ver con mis propios ojos qué estaba pasando, porque algo estaba muy mal. Y aunque tenía miedo de descubrirlo, tenía más miedo de no saberlo. Las siguientes semanas fueron horribles. Yo no podía concentrarme en el trabajo.

Limpiaba las casas pensando en mi mamá. Lavaba pisos imaginando qué podía estar pasando. Mis manos se movían solas, pero mi cabeza estaba a miles de kilómetros de distancia. Por las noches no podía dormir. Me quedaba despierta hasta las 4, las 5 de la mañana. dándole vueltas a todo, tratando de encontrarle sentido a las cosas. Estaba enferma mi mamá tenía algo grave y no me lo quería decir para no preocuparme. Tal vez era cáncer, tal vez diabetes avanzada, tal vez algo peor.

Pero si era enfermedad, ¿por qué los vecinos no contestaban? ¿Por qué mi tía no me decía nada? Pensé en otras posibilidades. Tal vez la casa se había dañado, tal vez había habido una inundación y mi mamá sentía vergüenza de decirme, tal vez el dinero que yo mandaba no había alcanzado para arreglarla, pero eso tampoco tenía sentido. Yo mandaba suficiente dinero. Yo siempre mandaba suficiente. Una parte de mí no quería saber la verdad. Porque cuando una siente tanto miedo de descubrir algo, es porque en el fondo ya lo sabe o al menos lo sospecha.

Había algo que mi mamá me estaba ocultando, algo grande, algo que ella no quería que yo supiera. Y lo peor de todo era pensar, ¿por qué? ¿Por qué mi propia madre me mentiría? Yo le había dado todo. Yo había dejado mi vida, mi juventud, mis sueños, todo por ella, por mi familia. Y así me pagaba, con mentiras, con secretos. Traté de convencerme de que estaba exagerando, que tal vez solo era mi imaginación, que tal vez mi mamá estaba pasando por un momento difícil y pronto me lo iba a contar, que solo necesitaba tiempo.

Pero pasaban las semanas y nada cambiaba. Cada vez que lograba hablar con ella era lo mismo. Conversaciones cortas, respuestas evasivas, esa frase repetida como mantra. No vengas todavía, hija. Un día estaba limpiando la casa de una señora en Beverly Hills, una casa enorme, llena de cosas caras. Y mientras pasaba la aspiradora, pensé, yo llevo 17 años limpiando casas ajenas para que mi familia tenga una casa propia y ni siquiera sé si esa casa todavía existe. Ese pensamiento me rompió.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.