Regresé de EE.UU sin avisar… y mi mamá ocultaba algo terrible…

Ella lloraba. Yo también estaba llorando, pero mis lágrimas no eran de tristeza, eran de rabia, de traición, de dolor tan profundo que no sabía cómo manejarlo. Me levanté, caminé por la sala, miré las paredes vacías, el piso sucio, los espacios donde antes había muebles, todo lo que yo había construido, todo lo que yo había dado, se había ido, destruido por mentiras, por secretos, por una decisión que mi mamá tomó sin consultarme. ¿Dónde está Ángel?, pregunté. Mi mamá no contestó.

¿Dónde está? grité. No sé, dijo entre soyosos. Se fue cuando supo que venías. No ha regresado. Por supuesto, por supuesto que se fue, porque Ángel siempre había sido así, irresponsable, egoísta y mi mamá siempre lo había protegido. Siempre. Yo me quedé ahí parada en medio de la sala vacía, sintiendo cómo se rompía todo dentro de mí. Había regresado a casa pensando que iba a encontrar un hogar, pero lo que encontré fue una mentira que me costó 17 años de vida.

Esa noche no pude dormir. Me quedé en mi viejo cuarto, el cuarto donde crecí mirando el techo. Ya no había cama, solo un colchón viejo en el piso. Las paredes estaban vacías. Antes tenía pósters, fotos, recuerdos. Ahora no había nada. Mi mamá se había encerrado en su cuarto. No salió. No cenamos juntas. No hablamos más esa noche. Yo me quedé despierta dándole vueltas a todo, tratando de entender, tratando de procesar lo que acababa de descubrir. Mi hermano Ángel, el niño que yo ayudé a criar, el niño que abracé el día que me fui, el niño

que me dijo, “Yo voy a cuidar a mamá.” Ese niño ahora era un hombre de 31 años que había destruido todo. ¿Cómo había pasado? ¿Cuándo empezó a jugar? ¿Cuándo se convirtió en esto? Y mi mamá, mi mamá que siempre había sido mi héroe, la mujer que me crió, la mujer que me enseñó a trabajar duro, la mujer que me decía, “Que Dios te bendiga, hija!” Cada vez que yo mandaba dinero, esa mujer me había mentido durante meses, tal vez años.

Me había ocultado la verdad mientras yo seguía trabajando como burro, creyendo que todo estaba bien. A la mañana siguiente, cuando salió el sol, salí de mi cuarto. Mi mamá ya estaba despierta. Estaba sentada en la cocina tomando café. Tenía la mirada perdida. Parecía que había envejecido 10 años en una noche. Me senté frente a ella. No dije nada al principio, solo la miré. Ella tampoco habló. Solo tomaba su café en silencio. Finalmente yo rompí el silencio. Necesito que me cuentes todo, mamá, desde el principio, sin mentiras, sin secretos, todo.

Ella dejó la taza sobre la mesa, respiró hondo y empezó a hablar. Me contó que Ángel había empezado a jugar hace como 5 años. Al principio solo eran apuestas pequeñas, fútbol, peleas de gallos, cosas que en el pueblo eran normales. Pero luego empezó a ir a Zacatecas, a casinos clandestinos, a meterse con gente peligrosa. Perdía, ganaba, volvía a perder y cada vez las deudas eran más grandes. La primera vez que mi mamá se enteró, él le pidió dinero prestado.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.