Se acostó con una mujer de 60 años para salvar a su madre moribunda. Lo que descubre más tarde lo cambia...

Y se fue. Su rechazo la golpeó profundamente. Siempre la habían cortejado por su dinero, nunca por quién era. Divorciada cuatro veces, humillada, traicionada y robada, su último exmarido le había robado todas sus pertenencias en su noche de bodas. Y ahora un joven desconocido, pobre y desesperado, la rechazaba. Esa misma noche, lo llamó.

Buenas noches, Raúl. Soy Raquel.

“Buenas noches, señora.”

“Me gustaría invitarte a almorzar.”

Lo siento, no estoy disponible. Puedo pagarte. Dime cuánto quieres. No se trata del dinero.
“Gracias, señora.”

Y colgó. Su amigo Esteban lo oyó y se puso furioso.

¿Estás loco? Tu madre está en el hospital. Estás rechazando la ayuda de una mujer rica. Quizás Dios te esté enviando una bendición.

Raúl estaba lleno de dudas. ¿Y si Esteban tenía razón? ¿Y si era una prueba, una señal del destino? Finalmente, llamó a Raquel y quedó en verse con ella en un elegante restaurante.

Al llegar, se encontró solo con ella. Había reservado todo el lugar y lo recibió con cariño. Raúl ni siquiera se atrevió a mirarla a los ojos.

“¿Cuántos años tienes, Raúl?”

“25, señora.”

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