Sofía lloró en su propia boda tras casarse con un hombre mayor y rico para salvar a su familia. En su noche de bodas, él fue al baño... y al salir, Sofía casi se desmaya.

Era un hombre vulnerable. Tenía los ojos rojos. Como si hubiera estado llorando.

—Sofía… hay algo que debo confesarte esta noche —dijo con voz temblorosa.

Y en ese instante, todo su mundo empezó a derrumbarse.

Sofía sintió que se le aceleraba el corazón. La presencia de Don Esteban ya no imponía distancia, sino una extraña cercanía que la desconcertaba. Avanzó lentamente, como si temiera asustarla aún más de lo que ya estaba. “No sé por dónde empezar”, murmuró.

“Con la verdad”, respondió Sofía, con más determinación de la que ella misma esperaba.

Don Esteban respiró hondo, como si llevara años esperando este momento.

“Me casé contigo… no para comprarte”, dijo con la voz quebrada, “sino para protegerte”.

Sofía frunció el ceño, incapaz de comprender.

“¿Protegerme? ¿De qué?”

Se sentó en el borde de la cama, apoyando ambas manos en las rodillas. Parecía desolado, como un hombre cargado de recuerdos que finalmente estaban a punto de aflorar.

“Conocí a tu madre”, confesó. “De joven”.

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