Solo cuando los dos pequeños se fueron al acuario, Antônio respiró hondo.
—Fernanda… doña Helena… necesito ser sincero con ustedes.
Las dos se pusieron rígidas.
—Cuando Lucas me dijo el nombre completo de ustedes, tuve una sospecha —continuó él—. “Helena”, “Fernanda”, “Ferreira”… Hace treinta y tantos años conocí a una familia con esos mismos nombres.
Fernanda apretó la servilleta con fuerza.
—Tú desapareciste —dijo en voz baja, con los ojos llenos de lágrimas—. Un día estabas ahí, siendo amigo de mi hermano, ayudando en casa… y al siguiente habías desaparecido como si nunca hubieras existido.
Antônio cerró los ojos un segundo.
—Yo… estaba empezando la empresa, me casé, mi vida cambió muy rápido. Tu hermano se metió con gente peligrosa, y yo… tuve miedo. Me alejé.
—Lo abandonaste —dijo Helena, con la voz afilada por años de resentimiento—. A él y a nosotros.
—No tengo excusas —admitió—. Solo errores.
Fernanda lo miró con una mezcla de rabia y dolor.
—No fue solo a mi hermano a quien dejaste atrás. ¿Te acuerdas de mi hermana, Beatriz?
El nombre cayó sobre la mesa como un peso.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
