—Claro que me acuerdo —susurró Antônio—. Pero me dijeron que se había ido del barrio.
—Se “fue” porque no tenía otra opción —respondió Helena, con una risa amarga—. Beatriz se quedó embarazada con diecinueve años. De ti.
El mundo de Antônio se tambaleó.
—Eso no puede ser… —murmuró, pálido—. Nosotros… éramos amigos.
Fernanda lo miró fijamente.
—Una noche de fiesta, tú habías bebido demasiado. Ella te quiso desde el principio. Aprovechó esa noche. Te buscó después, pero ya habías desaparecido.
Tras eso vino la historia que lo destrozó: una familia religiosa, la vergüenza, Beatriz trabajando embarazada, llorando de noche, sin apoyo. El bebé nacido en un día de lluvia. Luego, la decisión imposible: dar al niño en adopción a alguien de confianza para evitar que fuera a un orfanato. La enfermedad cardíaca, la tristeza, la muerte de Beatriz con solo 23 años.
—¿Y el niño? —preguntó Antônio con la voz rota—. ¿Dónde está mi hijo? ¿Está vivo?
Helena y Fernanda se miraron.
—El niño nunca salió de la familia —dijo la abuela, al fin—. Beatriz nos pidió que lo criáramos. Lo registramos como hijo de Fernanda. Ese niño creció creyendo que su padre lo había abandonado. Ese niño… es Lucas.
El tiempo pareció detenerse. Antônio giró la cabeza hacia el acuario. Allí estaba Lucas, riendo con Pedro, tocando el vidrio mientras un pez enorme pasaba frente a ellos. El mismo brillo en los ojos, la misma forma de fruncir el ceño cuando se concentraba, la misma dignidad silenciosa.
—¿Lucas… es mi hijo? —susurró.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
