“Te doy mil dolares si me atiendes en japonés” se burló el millonario.. ella habló y calló a todos…

Te doy $1,000 si me atiendes en japonés. Se burló el millonario. Cuando ella habló, cayó todo el restaurante. La frase salió disparada como un latigazo cortando el aire acondicionado del exclusivo salón privado del restaurante Sakura Fusión. Rodrigo Valdés, con el rostro enrojecido por una mezcla de frustración y soberbia, agitaba un fajo de billetes verdes en el aire.

El crujido del papel moneda era el único sonido que se atrevía a competir con el tenso silencio que se había apoderado de la mesa. Frente a él, tres inversionistas japoneses permanecían inmóviles como estatuas de piedra tallada, observando la escena con una impasibilidad que ocultaba una profunda incomodidad. El restaurante era un templo al lujo moderno. Las paredes estaban recubiertas de paneles de madera oscura importada y del techo colgaban lámparas de diseño que imitaban la caída de flores de cerezo, proyectando una luz cálida y dorada sobre la mesa de mármol negro.

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