“¿Tendrías Un Pastel Caducado Para Mi Esposa?” Preguntó El Sintecho… Pero El Millonario Lo Vio Todo…

Un hombre con la ropa rasgada y la barba descuidada entró en una pastelería de lujo en Madrid. Se acercó al mostrador con los ojos bajos y preguntó al dueño si tendría alguna tarta a punto de caducar, porque era el aniversario de boda con su esposa y quería hacerle un regalo. El pastelero se rió en la cara del hombre y le dijo que se marchara antes de que llamara a la policía. Pero lo que nadie sabía era que sentado en una mesa del rincón estaba Carlos Mendoza, uno de los hombres más ricos de España, propietario de

una cadena de hoteles de lujo, y lo que vio en ese momento cambió para siempre la vida de todos los presentes. Madrid despertaba bajo un cielo gris de noviembre. Las calles del centro ya estaban abarrotadas de personas trajeadas que corrían hacia sus oficinas, móviles pegados a la oreja, café en mano. Nadie miraba hacia abajo, nadie notaba las figuras acurrucadas en los rincones de los portales envueltas en mantas gastadas.

Antonio García tenía 64 años, pero aparentaba al menos 10 más. La vida en la calle había cabado surcos profundos en su rostro, había encanecido su pelo y encorbado sus hombros. Pero sus ojos, aquellos ojos marrones que su esposa Carmen había amado desde el primer instante en que los vio, conservaban todavía una luz especial. Una luz que hablaba de dignidad, de amor inquebrantable, de una fortaleza interior que ninguna desgracia había conseguido apagar. Aquella mañana, Antonio se había despertado antes del amanecer en el refugio improvisado bajo el puente de Vallecas, donde vivía con Carmen.

La había mirado dormir, su cuerpo frágil envuelto en una manta que habían encontrado en un contenedor meses atrás. Incluso dormida, incluso con el pelo revuelto y el rostro marcado por el cansancio, para él seguía siendo la mujer más hermosa del mundo. Era el 24 de noviembre, su aniversario de boda. 37 años antes, en aquel día, se habían casado en la pequeña iglesia de su pueblo en Extremadura. Ella llevaba un vestido blanco cosido por su madre, él un traje prestado por su hermano mayor.

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