Tenía 10 años y vendía dulces para mi madre enferma. Toqué la puerta de un millonario y vi una foto de ella en su pared.

Su rostro se endureció. “Estuve con tu madre hace mucho tiempo. Íbamos a casarnos. Perdimos el contacto… Nunca supe que había tenido una hija”. Su voz era firme, pero yo podía oír el dolor que se escondía detrás de cada palabra. Mi corazón martilleaba en mi pecho. ¿Este hombre estaba diciendo que era mi padre? Era imposible. Mamá siempre me había dicho que mi padre había muerto en un accidente antes de que yo naciera. Pero ahora, todo mi mundo se estaba poniendo del revés.

Alejandro se sentó en un sofá cercano, todavía con los billetes en la mano, pero ya sin ofrecérmelos. Su mirada estaba perdida en el suelo. Yo seguía de pie junto a la foto, sin saber qué hacer. Una parte de mí quería salir corriendo y no mirar atrás. Otra parte, la más fuerte, necesitaba quedarse y entenderlo todo.

Finalmente, habló. “¿Cómo está ella?”, preguntó, sin mirarme.

Bajé la vista. “Enferma”, dije en voz baja. “Y mi abuela también. No tenemos dinero para las medicinas”. Mi voz se quebró al final.

Asintió lentamente, perdido en sus pensamientos, como si intentara unir las piezas de un rompecabezas imposible. “Ven conmigo”, dijo con suavidad. Dudé. “No voy a hacerte daño”, añadió. “Solo quiero ayudarte”.

Lo seguí hasta un despacho, donde me entregó una cantidad de dinero que jamás había visto en mi vida. Los billetes eran tantos que apenas podía sostenerlos. “Llévale esto a tu madre”, dijo. “Y dile que Alejandro quiere hablar con ella”.

Apreté el dinero con fuerza, mis manos temblando. Todo había cambiado en un instante. Esa misma mañana había salido de mi pequeño y humilde hogar para vender dulces. Ahora, había encontrado algo mucho más grande, una verdad que había estado oculta durante toda mi vida.

Me di la vuelta para irme, todavía en shock, con la mente hecha un torbellino de preguntas sin respuesta. Al salir, el sol seguía quemando y el mundo parecía el mismo, pero por dentro, yo era otra persona. Había salido buscando unas pocas monedas y había descubierto un secreto que tenía el poder de cambiar nuestro destino para siempre.

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