4. Noche sin luz
Cuando los chicos se fueron a sus habitaciones, la puerta se cerró de golpe, dejándome sola en la oscuridad.
Me senté en el suelo, apoyada contra la pared, con la mirada perdida.
El reloj seguía corriendo.
Afuera llovía a cántaros.
En algún lugar del apartamento de al lado, los niños reían.
Y yo me moría.
Durante los dieciséis años, cada noche sin dormir, cada dedo congelado, cada ola de calor, cada éxito y fracaso, lo hice todo por ellos.
Para que tuvieran un futuro, a diferencia de mí.
Y ahora su futuro estaba en manos de un hombre que no se había ganado ni su confianza, ni su respeto, ni siquiera una sola mirada.
Pensé en qué pasaría si accedía.
Y qué pasaría si me negaba.
Y ninguna opción me condujo a la salvación.
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