Tenía sólo diecisiete años cuando escuché por primera vez "Two Hearts"...

Regresé tarde: me había quedado hasta tarde en el trabajo cubriendo a un compañero cuyo hijo estaba enfermo. Llovía, tenía las botas mojadas, los dedos de los pies entumecidos y la factura de la luz me daba vueltas en la cabeza.

Abrí la puerta y al instante sentí que algo andaba mal.

La casa siempre era ruidosa. Los chicos discutían, reían, intercambiaban bromas y se turnaban para compartir el estéreo.

Pero esa noche, me recibió el silencio.

Aterrador, desconocido.

Noah y Liam estaban sentados en el sofá, como dos personas que acabaran de escuchar un veredicto. Sus rostros estaban pálidos y tensos, sus ojos rojos.

"¿Qué pasó?", pregunté, quitándome la chaqueta.

Liam habló primero. Pero su voz era extraña, fría, como si le hablara a una pared, no a mí.

"Mamá... ya no podemos vernos."

Contuve la respiración.

"¿Qué dices? Esto no tiene gracia."

Noah se giró bruscamente, como si le doliera mirarme.

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