Trae el vino más caro, dijo el anciano mal vestido. los echaron enfrente de todos. ¡pésima decisión…

Sin presión le entregó su tarjeta. Estela la tomó con manos temblorosas. No sabía quién era este hombre, pero algo le decía que su vida estaba a punto de cambiar. Alfredo y Mirta salieron del restaurante. La noche era fresca. Las estrellas brillaban, caminaron en silencio durante un rato. Finalmente, mirta habló. ¿Hiciste feliz a mucha gente hoy a Leonardo? A estela. Incluso a ese gerente, aunque él no lo sepa todavía. Alfredo sonrió. ¿El Mundo está lleno de gente buena esperando una oportunidad, solo necesitan que alguien crea en ellos y tú siempre crees?Siempre se detuvieron bajo un farol, Alfredo miró a su esposa 50 años juntos y todavía la amaba como el primer día.

Feliz aniversario, mi amor. Mirta lo abrazó el mejor aniversario de todos. No por el vino caro, sino por recordarme por qué me enamoré de TI. Se besaron bajo las estrellas dos personas sencillas con fortunas que otros no podían ver porque la verdadera riqueza nunca estuvo en sus cuentas bancarias. Estuvo en sus corazones. 3 semanas después, las cosas habían cambiado. Mucho. Leonardo Castillo trabajaba ahora en 1 de los hoteles más prestigiosos de la ciudad, no como mesero. Como supervisor de servicio al cliente.

El puesto lo consiguió gracias a la recomendación de Alfredo y por primera vez en años iba al trabajo con una sonrisa. Su madre había recibido los tratamientos que necesitaba y él dormía tranquilo, sabiendo que nunca más tendría que humillar a alguien para mantener su empleo. Estela paredes firmó un contrato de inversión con Alfredo. Él puso el capital. Ella mantuvo el control creativo y operativo. En 6 meses abrirían dos nuevas sucursales. Todo bajo la misma filosofía, comida honesta, precios justos y trato humano para cada cliente que cruzara la puerta.

Sin importar su apariencia, sin importar su cuenta bancaria. Germán Gómez también cambió después de ser despedido, pasó semanas en reflexión, había seguido reglas sin cuestionarlas. Había medido a las personas por su ropa en lugar de su carácter y eso lo había convertido en alguien que ya no reconocía. Una tarde reunió coraje y llamó al número en la tarjeta que Alfredo había dejado en el restaurante. No esperaba respuesta, pero Alfredo contestó y lo escuchó. Sin juzgarlo, sin rencor.

Alfredo le ofreció algo inesperado, no un empleo. Sino una lección. Lo invitó a trabajar como voluntario en un comedor comunitario durante 3 meses sin paga. Solo para aprender a servir. A ver a las personas más allá de sus apariencias. Germán aceptó y esos 3 meses cambiaron su vida. Conoció historias, rostros, sueños rotos y esperanzas vivas y cuando terminó, Alfredo lo recomendó para un puesto gerencial en un restaurante nuevo. 1 que valoraba el servicio genuino por encima de la exclusividad superficial.

Pero el restaurante de los Figueroa no tuvo tanta suerte. Las reseñas negativas se multiplicaron, no solo por lo que pasó con Alfredo, sino porque otros clientes comenzaron a compartir sus propias historias de discriminación, de juicios, de humillaciones. La verdad salió a la luz y la Comunidad respondió. Las reservas cayeron, las mesas quedaban vacías. Los inversores se retiraron. Esteban y Juliana intentaron arreglar el daño. Publicaron disculpas, prometieron cambios. Pero las palabras sin acciones no convencen. La gente había visto quiénes eran realmente y decidieron llevar su dinero a lugares donde fueran tratados con dignidad.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.