Tras el despido, la niñera pidió un último día… hasta que la niña reveló algo al padre millonario y…

El parque, el helado, los árboles de Navidad en Reforma. Diego la escuchaba, realmente la escuchaba y se dio cuenta de cuánto se había estado perdiendo. Elena preparó hotques con chispas de chocolate, los favoritos de Sofía. Los tres desayunaron juntos en una escena que habría parecido normal en cualquier otra familia, pero que en la suya se sentía extraordinaria. Después del desayuno, Elena subió con Sofía para vestirla.

Diego se quedó en la cocina lavando los platos porque no sabía qué más hacer con las manos. Su teléfono sonó. Era su asistente preguntando por la reunión de las 9. Diego miró el reloj. Eran las 8:30. Cancélala, escribió. Todo, incluyendo la videoconferencia con Miami, todo. Diego guardó el teléfono.

Cuando Elena bajó con Sofía, ambas vestidas y listas para salir, Diego las estaba esperando en el recibidor. Me gustaría acompañarlas. Las dos se quedaron mirándolo con sorpresa. “Papá, ¿vienes con nosotras?”, preguntó Sofía con los ojos muy abiertos. Si no les molesta, Sofía saltó de emoción. Sí, por favor, por favor. Diego miró a Elena. Ella lo estudió por un momento y luego asintió. Está bien.

Los tres salieron del pentouse. En elevador, Sofía iba en medio, tomada de las manos de ambos. Diego no podía recordar la última vez que había hecho algo así. Simplemente salir sin agenda, sin objetivo, solo para estar con su hija. Tomaron el coche de Diego, un Mercedes negro que raramente usaba para algo que no fuera trabajo.

Elena se sentó adelante con él mientras Sofía iba atrás en su silla de seguridad cantando una canción que había aprendido en la escuela. El tráfico de la Ciudad de México era caótico como siempre, pero por primera vez en mucho tiempo Diego no se sentía ansioso por llegar a ningún lado.

Llegaron al bosque de Chapultepec y encontraron estacionamiento cerca del lago. Sofía salió corriendo hacia los patos en cuanto bajó del coche. Elena iba detrás de ella vigilándola. Diego la seguía observándolas. Había algo en la forma en que Elena cuidaba a Sofía que iba más allá del deber. Era instintivo, natural, como si hubiera nacido para eso.

Elena se dio cuenta de que la estaba mirando y volteó. Sus miradas se encontraron y algo pasó entre ellos. Algo que Diego no supo nombrar, pero que sintió en el pecho. Algo que le decía que tal vez había estado equivocado sobre muchas cosas. Pasaron la mañana caminando por el bosque. Sofía corría adelante persiguiendo mariposas y señalando ardillas.

Elena la seguía de cerca, siempre atenta, pero dejándola explorar. Diego caminaba junto a ellas con las manos en los bolsillos, sintiéndose fuera de lugar en esta versión de su propia vida. Cuando llegaron al lago, Sofía insistió en alimentar a los patos. Elena sacó de su bolso una bolsita con pan que había traído específicamente para eso.

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