Tras el despido, la niñera pidió un último día… hasta que la niña reveló algo al padre millonario y…

No había puesto árbol porque no podía, porque el último árbol lo habían decorado Mariana y Sofía juntas y la idea de hacerlo sin ella le parecía una traición. Pero Sofía no entendía eso. Solo veía que todos los demás niños tenían árboles y ella no. Apúrate, Sofía. Vas a llegar tarde, dijo Diego con más dureza de la necesaria. La niña dejó el dibujo sobre la mesa y se sentó a desayunar en silencio.

Elena le sirvió y se quedó de pie junto a ella, asegurándose de que comiera. Diego las observaba desde la barra. Había algo en la forma en que Elena trataba a su hija que lo desconcertaba. No era maternal en el sentido tradicional. Era algo más sutil. Era la forma en que escuchaba cada palabra que Sofía decía como si fuera lo más importante del mundo.

La forma en que nunca le mentía, ni siquiera en las cosas pequeñas. La forma en que la dejaba ser niña sin sobreprotegerla. Mariana habría sido así. El pensamiento llegó sin permiso y Diego lo empujó lejos. No podía pensar en eso ahora. Sofía terminó de desayunar y Elena limpió su boca con una servilleta. Lista, princesa. Vamos por tu mochila. Las dos subieron y Diego aprovechó para revisar su teléfono. Tres reuniones ese día.

Una llamada con inversionistas de Miami, otra con el equipo legal sobre el nuevo desarrollo inmobiliario en Playa del Carmen. No tenía tiempo para sentimentalismos. No tenía tiempo para dudar. Elena bajó con Sofía y su mochila. La niña corrió hacia Diego y lo abrazó por las piernas. Adiós, papá. Diego se agachó y la besó en la frente. Pórtate bien.

Te amo dijo Sofía. Diego sintió que algo dentro de él se apretaba. Yo también, mi amor. Elena tomó a Sofía de la mano y salieron hacia el elevador. Diego las vio irse y se quedó de pie en el recibidor, el sobre todavía en su bolsillo. Cuando regresó Elena media hora después, Diego estaba esperándola en su despacho.

Ella entró con esa calma que siempre llevaba consigo y se sentó frente a él cuando él se lo indicó. Antes de que digas nada, comenzó Elena, necesito decirte algo. Diego levantó la mano. Yo primero. Elena asintió y esperó. Diego sacó el sobre y lo puso sobre el escritorio entre ellos. Elena lo miró, pero no lo tocó. ¿Qué es eso?, preguntó con voz suave.

Diego respiró hondo. Tu finiquito. Elena parpadeó. Parden, tu liquidación, aclaró Diego. Elena, has hecho un trabajo excepcional con Sofía. Excepcional, pero he decidido hacer algunos cambios en la estructura del hogar. Mi familia va a ayudarme más con Sofía. Mi madre se va a mudar aquí por un tiempo y creo que es mejor que Sofía tenga menos cambios de figuras en su vida, menos personas que entren y salgan. Elena lo miraba fijamente.

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