TRAS UNA CAÍDA por las escaleras, el PATRÓN fingió no despertarse… lo que la NIÑERA hizo lo dejó en LÁGRIMAS

Lorena respiró hondo y continuó, como si necesitara vaciar el corazón ante un hombre que, aparentemente, no podía escucharla.

—Señor Vicente… yo sé que para usted soy solo la niñera. Una empleada más. Y está bien, yo acepto eso… —sus dedos acariciaron las mejillas suaves de Mel y Mateo—. Pero estos dos… estos dos son mi vida. Desde el día en que llegué aquí, hace siete meses, y los vi tan pequeñitos, tan frágiles, algo cambió dentro de mí.

Se detuvo un instante.

—Yo perdí a mis papás cuando tenía veintidós años… —confesó, en un hilo de voz—. Un accidente de coche. Los dos de golpe. Me quedé sola en el mundo, sin hermanos, sin familia. Pasé años sintiendo que no pertenecía a ningún lugar… que nunca más iba a tener una casa de verdad.

Las lágrimas le corrían en silencio, cayendo sobre los cabellos de los gemelos.

—Hasta que llegué aquí. Hasta que conocí a Mel y a Mateo… —una sonrisa triste le cruzó el rostro—. Yo sé que no son mis hijos. Sé que no tengo derecho a sentir todo esto… pero no puedo evitarlo. Ellos llenaron un hueco dentro de mí que yo pensaba que jamás se iba a llenar.

Vicente sintió el corazón hacerse un nudo. Ella amaba a sus hijos de una forma que él ni siquiera entendía.

—Por eso cuido de ellos como si fueran míos… —siguió Lorena—. Por eso me quedo despierta cuando tienen fiebre. Por eso canto las canciones que mi madre me cantaba. Por eso… —su voz se rompió— por eso no puedo perder esta familia otra vez. No puedo… no aguanto perder otra vez, señor Vicente.

Los segundos se hicieron eternos. Ella los abrazó más fuerte, como quien abraza la última cosa que le queda en el mundo.

—¿Sabe qué es lo más triste? —susurró—. Que el señor tiene todo lo que yo perdí… Tiene dos hijos hermosos, sanos, perfectos. Y no ve. No aprovecha. Está tan ocupado construyendo imperios que se olvida de construir recuerdos.

Vicente quiso abrir los ojos, quisó pedir perdón, pero le faltó coraje. Siguió inmóvil, atrapado en la prisión que él mismo había creado.

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