Cuando se fue, algunos entrenadores me miraron como si quisieran preguntar lo que había ocurrido. Pero no dije nada. Era un capítulo cerrado.
Esa noche, sin embargo, mientras cerrábamos el gimnasio, Daniel me tomó la mano y me dijo:
—Hoy entendí algo. No solo construiste un negocio increíble. Te reconstruiste a ti misma. Y yo me enamoré justamente de esa fuerza.
Lo abracé. No como quien se refugia, sino como quien comparte una victoria.
Lo que yo no imaginaba era que la vida aún tenía una última lección que enseñarme… una que involucraba a mi hermana.
El éxito del gimnasio comenzó a llamar la atención de muchos medios locales. De pronto me encontré dando entrevistas, grabando videos motivacionales y hasta asesorando a empresas sobre bienestar corporativo. Mi vida avanzaba a una velocidad nueva y emocionante.
Y fue en medio de ese torbellino que recibí un mensaje inesperado de mi hermana.
“¿Podemos hablar?”
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
