miró a Daniela, que estaba a su lado, y me enseñó que nunca es tarde para cambiar, nunca es tarde para pedir perdón, para reconstruir puentes, para ser la persona que deberíamos haber sido desde el principio. La fiesta duró hasta tarde. Hubo risas, abrazos, música y Gerardo por primera vez en décadas se permitió simplemente estar presente, no pensar en negocios, en dinero, en poder, simplemente estar ahí con las personas que amaba. Cuando todos se fueron y la casa quedó en silencio, Gerardo se sentó en la terraza con compañero en su regazo.
Daniela vino a sentarse a su lado. “Gracias”, le dijo Dasas. ¿Por qué? por permitirme conocerte de verdad, por permitirme ver quién eres realmente. Gerardo sonríó acariciando el pelaje de compañero. “Fue el gato el que me trajo de vuelta”, dijo él. “Pero fuiste tú quien me mantuvo aquí.” Se quedaron allí, padre e hija, observando la noche estrellada. compañero ronroneaba suavemente ese sonido que se había convertido en la banda sonora de una segunda oportunidad. Y Gerardo pensó en todo lo que había vivido, en la pobreza de la infancia, en la lucha por la supervivencia, en el éxito que construyó, en la soledad que cultivó y en cómo un pequeño gato callejero lo había cambiado todo.
No fue un milagro en el sentido tradicional. No hubo luces divinas ni fuerzas sobrenaturales. Fue algo más simple y al mismo tiempo más profundo. Fue la conexión. Fue el amor incondicional de un animal que no sabía de fortunas ni posiciones sociales. Fue la persistencia de una hija que eligió luchar por su padre a pesar de todo. Fue el perdón de personas que podrían haber elegido la venganza. Fue la humanidad en su forma más pura. En los años que siguieron, Gerardo se volvió conocido no por su riqueza, sino por su generosidad.
Circulaban historias sobre el empresario que había despertado del coma y había cambiado por completo. Sobre el hombre que pasaba las tardes en el parque alimentando gatos callejeros, conversando con personas sin hogar, ofreciendo oportunidades a quien las necesitaba. “La gente lo encuentra extraño”, comentó Daniela en una ocasión. Dicen que has cambiado demasiado. No he cambiado, respondió Gerardo. Solo encontré a quien siempre debía haber sido. El centro de terapia asistida por animales creció. Se abrieron suales en otras ciudades.
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