Empezó a reconocerlo
Susurró su nombre
Preguntó por "hogar"
Volvió a sonreír
Cada momento era un pequeño milagro.
Para
Por primera vez en cuarenta años, madre e hijo estaban juntos; no de forma perfecta, no como antes, sino como una familia.
Una tarde, mientras regaba flores con ella, Carmen le apretó la mano y susurró:
"Mi niño".
Los ojos de Leonardo se llenaron de lágrimas.
El dinero, la herencia, la verdad sobre su padre... nada importaba comparado con ese momento.
Había recuperado lo más importante que había perdido:
A su madre.
Y con ella, la oportunidad de finalmente vivir una vida construida no sobre mentiras ni riquezas, sino sobre la verdad, la sanación y el amor.
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