Un millonario puso cámaras para atrapar a la niñera… y lo que hizo su hijo lo dejo sin palabras…

No estaba siendo paranoico, era precaución razonable. Tenía derecho a saber qué pasaba en su propia casa con su propio hijo, ¿verdad? Pero incluso mientras se repetía esas justificaciones, una pequeña voz en su cabeza, una que sonaba sospechosamente como Valeria, susurraba, “¿A quién estás tratando de convencer, Mauricio? A ti mismo.” Ignoró esa voz. Como había aprendido a ignorar tantas cosas en los últimos 8 meses. En la casa, Pilar subía las escaleras siguiendo a Marta. “El cuarto del niño está aquí.” Marta señaló una puerta con un letrero que decía Benjamín decorado con dinosaurios.

Es un amor de niño, silencioso, nunca causa problemas. ¿Y eso es bueno? Pilar preguntó suavemente. Marta la miró con sorpresa. Bueno, claro, hace que todo sea más fácil o tal vez hace que sea más fácil no ver algo está mal. Antes de que Marta pudiera responder, Pilar tocó la puerta del cuarto de Benjamín. Benjamín, soy Pilar. ¿Puedo entrar? Silencio. Luego una vocecita. Sí. Pilar abrió la puerta y entró. El cuarto era perfecto, demasiado perfecto. Todo organizado, limpio, cada juguete en su lugar.

Las paredes con murales profesionales de dinosaurios y astronautas. una cama con dosel que parecía de revista, un estante lleno de libros ordenados por tamaño. Y en medio de toda esa perfección, sentado en la alfombra, estaba Benjamín, un niño pequeño, con ojos enormes y serios que la miraban con cautela. “Hola, Benjamín.” Pilar se arrodilló a su altura sin acercarse demasiado. “Mucho gusto, yo soy Pilar y voy a cuidarte.” El niño asintió, pero no dijo nada. ¿Qué estás construyendo?

Una torre. Se ve muy alta. ¿Para qué es? Benjamín pensó por un momento, para que mi mami pueda verme desde el cielo. Y en ese momento el corazón de Pilar se rompió y se recompuso al mismo tiempo, porque entendió todo lo que necesitaba saber sobre este niño y sobre el hombre que lo había contratado. Este no iba a ser un trabajo fácil, pero iba a ser necesario. Los técnicos llegaron a las 7:30. Mauricio los esperaba nervioso. Buenas noches, señor Delgado.

Tres hombres con uniforme azul y cajas de equipo. Pasen rápido y en silencio. Mi hijo duerme arriba. Entendido. Donde quiere las cámaras. En todas partes. Mauricio mostró el plano marcado con círculos rojos. Sala, cocina, jardín, sala de juegos, pasillos, cobertura total. El cuarto del niño. Mauricio vaciló. Cruzar esa línea se sentía mal, pero pensó en Benjamín, en todo lo que podría pasar sin que él lo supiera, también muy discreta. Dos horas después, todo estaba instalado. Cámaras diminutas en detectores de humo, relojes, esquinas del techo invisibles.

El técnico le mostró el sistema en su laptop. Puede ver todo en tiempo real. Grabaciones de 30 días, acceso desde celular, tablet, cualquier dispositivo. Mauricio observaba las ocho ventanas pequeñas, sala vacía, cocina oscura, el cuarto de Benjamín donde su hijo dormía, control absoluto. ¿Por qué entonces sentía ese peso en el estómago? ¿Hay audio? Sí, señor. Alta definición. Perfecto. Ahora podría escuchar cada palabra. Cuando los técnicos se fueron, Mauricio se quedó mirando las pantallas. Se sirvió un whisky.

Es por su seguridad, dijo al cuarto vacío. Pero la voz de Valeria susurró, “¿O tienes miedo de que ella haga lo que tú no puedes?” Bebió el whisky y apagó las luces. A la mañana siguiente, Mauricio se despertó a las 6. Había soñado con Valeria mirándolo con decepción. Bajó a la cocina y abrió su laptop. Las ocho ventanas aparecieron. A las 7:30, Pilar salió de su habitación. La vio en el pasillo, descalza, con pan y camiseta, cabello despeinado, normal, humana.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.