Un millonario puso cámaras para atrapar a la niñera… y lo que hizo su hijo lo dejo sin palabras…

Mauricio apretó el vaso en su mano. No sabe de lo que habla. Tiene razón. No sé nada de su vida, de su dolor, de cómo ha sido perder a su esposa. Pero sí sé de niños. Y sé cuando uno está cargando un peso que no le corresponde. Terminó. Pilar sostuvo su mirada un momento más, luego asintió. Buenas noches, señor Delgado. Cuando ella subió las escaleras, Mauricio se quedó en la cocina oscura con el vaso de agua olvidado en sus manos.

Las palabras de Pilar resonaban en su cabeza, incómodas, verdaderas. Subió a su estudio y abrió las cámaras otra vez. Ya era una obsesión. Necesitaba ver. Necesitaba saber. Necesitaba qué exactamente. En la pantalla del cuarto de Benjamín vio a Pilar entrar. Su hijo estaba acostado, pero despierto. No puedo dormir, escuchó la vocecita. ¿Quieres que me quede un ratito? Sí. Pilar se sentó en la silla junto a la cama. ¿En qué estás pensando? Silencio. Luego. ¿Crees que mi mami puede verme desde el cielo?

Estoy segura de que sí. completamente segura y crees que está orgullosa de mí, ¿por qué no estaría orgullosa? Eres valiente, amable, inteligente, porque a veces hago cosas malas. ¿Como qué? Benjamín bajó la voz como si confesara un secreto terrible. Como desear que otra persona sea mi mami, porque extraño mucho tener una. Eso me hace malo. Mauricio sintió que el aire abandonaba sus pulmones. El mundo se detuvo. Su hijo había estado cargando con esta culpa, este peso imposible, y él no había tenido idea.

Benjamín, mírame. Pilar se arrodilló junto a la cama, tomando sus manitas pequeñas. Extrañar tener una mami no es algo malo nunca. Y está bien si a veces deseas que alguien llene ese espacio vacío en tu corazón. Tu mami entendería eso perfectamente. Ella querría que fueras feliz. que tuvieras gente que te quiera y te cuide. De verdad, de verdad, el amor verdadero no tiene celos, solo quiere lo mejor para la otra persona. Entonces, no es malo que me gustes.

Pilar se limpió una lágrima rápidamente. Para nada. Me siento honrada. Te vas a quedar. No sé qué pasará en el futuro, pero mientras esté aquí te prometo que voy a cuidarte lo mejor que pueda. Promesa de verdad. ¿Verdad? Promesa de verdad. ¿Verdad? Benjamín cerró los ojos tranquilo. Finalmente Pilar se quedó ahí tarareando una canción suave hasta que el niño se durmió. Mauricio cerró la laptop, se recostó en su silla y miró al techo. Las cámaras le habían mostrado exactamente lo que necesitaba ver, pero no era lo que esperaba.

No encontró negligencia, ni manipulación ni peligro. encontró amor simple, honesto, desinteresado, y encontró la verdad que había estado evitando durante 8 meses. Su hijo estaba sanando, pero él no, porque mientras Benjamín aprendía a abrirse de nuevo, a confiar, a sentir, Mauricio seguía encerrado detrás de paredes que él mismo construyó. Y las cámaras, pensó con amargura, eran solo otra pared más. Pasaron tres semanas desde la instalación de las cámaras. Tres semanas en las que Mauricio se convirtió en un fantasma presente físicamente, ausente en lo que importaba.

Llegaba temprano, se encerraba en su estudio, revisaba grabaciones. Durante el día en la oficina monitoreaba las cámaras constantemente. Regresaba tarde cuando Benjamín dormía y volvía a ver todo. “¿Estás bien, Mauricio?”, le preguntó su socio Damián. Perfectamente, pero no lo estaba. Estaba adicto a las pantallas que le mostraban la vida que no vivía y cada día le mostraba lo mismo. Pilar era genuina, paciente, amorosa, todo lo que Mauricio no sabía cómo ser. Una mañana revisando grabaciones, vio algo que lo dejó paralizado.

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