Era la tarde anterior. Pilar y Benjamín dibujaban contizas en el jardín. Su hijo hacía figuras de palo, un hombre alto, una mujer, un niño pequeño. ¿Quiénes son?, preguntó Pilar. Mi familia antes. Mauricio se inclinó hacia la pantalla subiendo el volumen. Tu mami, tu papi y tú. Pilar observaba el dibujo. Sí, pero ahora no. Ahora, ¿cómo es? Benjamín tomó otra tisa, dibujó al niño solo en una esquina, el hombre alto en la otra esquina y entre ellos un espacio vacío enorme.
Así, dijo simplemente, el corazón de Mauricio se hizo pedazos. ¿Por qué están tan lejos? Pilar preguntó con suavidad. Porque papi no quiere estar cerca. Creo que le recuerdo a mami y eso lo pone triste. ¿Te dijo eso? No, pero lo sé porque cuando me mira sus ojos se ponen tristes y luego se va. Pilar se sentó en el suelo junto a él. ¿Sabes qué creo yo? ¿Qué? Creo que tu papi te ama muchísimo, tanto que le da miedo.
¿Miedo de qué? Miedo de perderte como perdió a tu mami. A veces, cuando las personas tienen mucho miedo, se alejan de lo que más aman. No porque no les importe, sino porque les importa demasiado. Benjamín pensó en eso, pero eso no tiene sentido. Si me ama, ¿por qué no está conmigo? Porque el miedo no siempre tiene sentido, pequeño. El miedo nos hace hacer cosas que lastiman, incluso cuando no queremos lastimar. Tú tienes miedo todo el tiempo. ¿De qué?
De perder a mi mami, de no ser suficiente para ti, de fallar. Pero no estás fallando, eres la mejor. Pilar sonríó con los ojos brillosos. Gracias, Benja. Eso significa mucho. Pilar. Sí. ¿Crees que algún día mi papi deje de tener miedo? Espero que sí, porque merece ser feliz. Y tú mereces tener un papi que esté presente, no solo en la casa, sino aquí. Tocó el pecho de Benjamín sobre su corazón, donde realmente importa. Mauricio pausó la grabación.
Las palabras de su hijo lo perseguían. Le recuerdo a mami. Eso pensaba Benjamín, que él se alejaba porque su hijo le recordaba a Valeria. Sí, Benjamín le recordaba a Valeria, pero se alejaba porque cada vez que miraba a su hijo veía su propio fracaso, su miedo de amar y perder todo de nuevo. Cerró la laptop y bajó a la cocina. Eran las 6 de la mañana. Pero escuchó un grito del piso de arriba. Subió corriendo. Venía del cuarto de Benjamín.
Abrió la puerta bruscamente y encontró a su hijo sentado en la cama llorando con las sábanas revueltas. Pesadilla. Benjamín. El niño lo miró con ojos enormes, llenos de terror. Papi, por primera vez en meses, Mauricio no pensó, no calculó, no se alejó, simplemente cruzó el cuarto y abrazó a su hijo. Benjamín se aferró a él como si fuera la última persona en el mundo. Soyosando contra su pecho. Estoy aquí. Estoy aquí, hijo. Tuve un sueño horrible. Soñé que tú también te ibas, que me dejabas solo.
No voy a irme, te lo prometo. De verdad, de verdad, escuchó pasos. Pilar apareció en la puerta preocupada. Escuché gritos. Está bien, pesadilla. Pilar asintió. Había algo en su mirada. Comprensión, esperanza. Necesitan algo Mauricio sostuvo a su hijo hasta que durmió. Cuando lo acostó se veía tan pequeño, tres años y tanto perdido. “Lo siento”, susurró Mauricio acariciando el cabello de Benjamín. “Siento no haber estado aquí, siento haber tenido tanto miedo.” Salió del cuarto y encontró a Pilar en el pasillo.
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