Tiene razón. Fernando levantó la vista en todo. Pero eso no cambia, que Sofía está enferma y que yo puedo pagar la cirugía. Y después, ¿qué? ¿Se queda o desaparece otra vez cuando su conciencia esté tranquila? ¿Me quedo? ¿Por cuánto tiempo? ¿Una semana, un mes, hasta que sus negocios lo llamen de vuelta? el tiempo que sea necesario. Rosa lo estudió buscando mentiras, buscando la trampa. “Mi hermano dejó algo antes de morir”, dijo finalmente, “Una carta. Me pidió que se la diera a Marta si alguna vez usted aparecía.” Fernando sintió un escalofrío.
“¿Qué dice la carta?” “No lo sé. Está sellada, pero Pedro me hizo prometer que se la entregaría.” Rosa sacó un sobre amarillento de su bolso. Iba a dársela a Marta esta mañana. Pero quería verlo primero, ver qué tipo de hombre es usted. ¿Y qué ve? Veo a un hombre asustado, perdido, tratando de arreglar algo que tal vez no tiene arreglo. Rosa puso el sobre la mesa. Pero también veo a un hombre que finalmente apareció tarde, pero apareció.
¿Qué quiere que haga? Quiero que sea honesto con Marta, con Sofía, con usted mismo. Rosa caminó hacia la puerta. Y quiero que entienda algo. Si le hace daño a esa niña, si le rompe el corazón como le rompió el corazón a su madre, no habrá dinero suficiente para esconderse de mí. Era la segunda amenaza en menos de 12 horas y Fernando las creía ambas. Rosa abrió la puerta, pero se detuvo. Una cosa más, Sofía tiene una cita con el cardiólogo mañana en la capital.
Marta pidió prestado dinero para el bus y la consulta. Si realmente quiere ayudar, puede empezar ahí. ¿A qué hora es la cita? A las 10 de la mañana en el hospital central. Yo las llevo. Marta no va a aceptar. Entonces, convéncala, por favor. No por mí, por Sofía. Rosa lo miró durante un largo momento. Finalmente asintió. Hablaré con ella, pero no prometo nada. se fue dejando a Fernando solo con la carta de un hombre muerto, un hombre que había sido mejor padre para su hija que él.
Fernando miró el sobre. La letra era clara, cuidadosa, para Marta, solo si él vuelve. Pedro sabía de alguna manera sabía que Fernando eventualmente regresaría. ¿Qué le había escrito? Advertencias, consejos, perdón. Fernando resistió el impulso de abrir la carta. No era para él, pero no podía dejar de preguntarse qué secretos contenía. A las 3 de la tarde, su teléfono sonó. Era un número desconocido. Hola, soy Marta. Su voz sonaba tensa. Rosa me contó sobre la cita. Puedo llevarlas a ti y a Sofía y pagar la consulta y cualquier estudio que necesito tu caridad.
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