Yo tomé esas pastillas. Yo elegí rendirme. Eso no fue tu culpa. Sí lo fue. Todo fue mi culpa. No, tú no me obligaste a hacer nada. Yo simplemente no pude soportar el dolor. Sofía lo sabe. Dios no y nunca lo sabrá. El pánico llenó la voz de Marta. Prométeme que nunca se lo dirás. Te lo prometo. ¿Por qué viniste a decirme que leíste la carta? Fernando se sentó en el suelo frente a ella, porque necesitaba que supieras que entiendo, que no te juzgo, que admiro tu fuerza por seguir adelante.
No me siento fuerte, pero lo eres. Mira todo lo que construiste, sola con tres niños, sin ayuda. Tuve ayuda. Pedro, Pedro fue un buen hombre. Pero no cambies lo que hiciste tú. Sobreviviste, criaste a tus hijos, los amaste. Eso es fuerza. Marta lloró. Sollozos que venían de lo más profundo. Años de dolor guardado. Fernando no sabía si podía abrazarla. Si tenía de ella se inclinó hacia él y él la sostuvo mientras lloraba. “La voy a salvar”, susurró él.
“A Sofía. Voy a hacer todo lo necesario. Lo sé. Y después, si me dejas, voy a pasar el resto de mi vida compensando estos 15 años. No puedes compensar el tiempo perdido. Entonces voy a crear tiempo nuevo, mejores recuerdos. Marta se separó, se limpió las lágrimas. Los resultados de los estudios llegan hoy. El doctor llamará y si dice que no hay tiempo, que la cirugía tiene que ser antes, entonces será antes. Marta, tengo que decirle la verdad a Sofía antes de la cirugía.
¿Por qué? Porque si algo sale mal, Fernando no pudo terminar la frase, nada va a salir mal, pero si sale mal, merece saber que su padre la amó, que siempre la amó, incluso cuando no sabía que existía. Marta cerró los ojos. Dale un día más, solo un día para ser una niña normal, antes de que su mundo cambie para siempre. Está bien. Un día el teléfono de Marta sonó. Era el hospital. Sí. Su voz temblaba, escuchó. Su rostro se puso pálido.
Entiendo. Sí, estaremos ahí. Colgó. Miró a Fernando con ojos llenos de miedo. Los resultados son peores de lo que pensaban. Quieren operar la mañana. Si esperamos más, el riesgo es demasiado alto. Mañana. Tenemos que estar en el hospital a las 6 de la mañana. Un día. Tenían un día para prepararse, un día para que Sofía supiera la verdad. un día para que Fernando fuera padre por primera vez. Voy a decirle hoy dijo Fernando, esta noche. ¿Estás seguro?
No. Pero es lo correcto. Marta asintió, se levantó y caminó hacia la habitación donde dormían los niños. Entonces, prepárate, porque cuando le digas todo va a cambiar para todos nosotros. Fernando pasó el día preparando, llamó al hospital, pagó por adelantado, aseguró que tuvieran el mejor cirujano, las mejores enfermeras, el mejor equipo. Llamó a su abogado, cambió su testamento. Si algo le pasaba, todo iría para Marta y los niños. Llamó a su madre, a quien no había hablado en meses.
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