Un millonario vuelve a la casa de su exesposa tras 15 años… y lo que ve lo deja en shock…

Cuando ya no necesito tus promesas vacías. Fernando respiró profundo, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un sobre, un sobre que cambiaría todo. “Vine a darte esto, dijo, y a decirte la verdad, la verdad.” Esa palabra flotó entre ellos como un fantasma, porque la verdad tenía el poder de destruir lo poco que quedaba, o de reconstruir todo desde las cenizas. Marta miró el sobre sin tocarlo. Su corazón latía tan fuerte que dolía. Lo que no sabía es que ese sobre contenía algo que ella nunca imaginó y que la conversación que estaba por comenzar revelaría secretos que habían estado enterrados durante 15 largos años.

Marta no tomó el sobre, simplemente se hizo a un lado y señaló el interior de la casa con un gesto seco. Entra, pero quítate esos zapatos. No quiero que ensucies el piso. Fernando obedeció, se quitó los zapatos italianos de cuero y los dejó en la entrada. El piso de cemento estaba frío bajo sus pies. Limpio notó. A pesar de todo, estaba impecablemente limpio.

Los tres niños seguían observándolo. La mayor, una niña de unos 12 años con trenzas desparejas, lo miraba con desconfianza. El del medio, un niño de 8 años con una camiseta dos tallas grande, se escondía detrás de su hermana. El más pequeño, pegado a las piernas de su madre, chupaba su pulgar. Sofía, lleva a tus hermanos afuera”, ordenó Marta con suavidad. “Pero mamá, ahora, mi amor.” La niña asintió, tomó a sus hermanos de la mano y salió por la puerta trasera.

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