Finalmente asintió. Fernando la abrazó y sintió algo quebrarse en su pecho. Esta niña, su niña, frágil y fuerte al mismo tiempo. Cuando despiertes susurró él, voy a estar ahí y cada día después de eso, te lo prometo. Ya me prometiste que no ibas a dejar a mamá y lo hiciste. Eso nunca va a volver a pasar. Las palabras no significan nada. Lo sé. Por eso voy a demostrártelo con acciones cada día. Sofía se separó, miró a su madre, luego a Fernando.
Está bien, pueden demostrarme. La llevaron por esos pasillos blancos hacia esas puertas que decían quirófano, personal autorizado solamente. Marta colapsó. Fernando la sostuvo. La vamos a perder, sollozó ella. Voy a perder a mi bebé. No, ella es fuerte. como tú. Y si no es suficiente, tiene que serlo. Las horas que siguieron fueron las más largas de la vida de Fernando. Se sentaron en la sala de espera. Marta rezaba. Fernando simplemente miraba el reloj. Tic, toc. Cada segundo una eternidad.
A la hora 3, una enfermera salió. Familia de Sofía Martínez. Sí. Marta se levantó de un salto. Hay complicaciones. Están perdiendo mucha sangre. Necesitamos al donante. Ahora Fernando no está corrió detrás de la enfermera. Lo llevaron a una sala. Le sacaron sangre rápido, eficiente. Ella está bien, preguntó. Están haciendo todo lo posible. No era una respuesta, era una evasión. Volvió a la sala de espera. Mareado, débil. Marta lo vio y corrió hacia él. ¿Qué pasó? Complicaciones. Necesitaban sangre.
Dios mío. Se sentaron, esperaron. Hora cuatro, hora 5. Finalmente las puertas se abrieron. El doctor Ramírez salió. Su bata tenía sangre. Su rostro estaba cansado. Marta no podía respirar. Ella, el doctor, se quitó la máscara. La cirugía fue exitosa. Marta colapsó. Fernando la sostuvo mientras hoyosaba de alivio. Pero continúa el doctor, las próximas 24 horas son críticas. Su cuerpo sufrió mucho. Perdió mucha sangre. Si pasa esta noche, va a estar bien. ¿Podemos verla? Está en recuperación. En una hora pueden verla, pero solo por unos minutos se fueron dejando a Fernando y Marta en ese limbo entre esperanza y terror.
Sobrevivió, susurró Marta. Sí, pero todavía podemos perderla. No vamos a perderla. ¿Cómo lo sabes? Porque es tu hija y tú no te rindes. Ella tampoco, esperaron. Cada minuto pesaba toneladas. Finalmente los dejaron entrar. Sofía estaba rodeada de máquinas, tubos, cables. Su pecho subía y bajaba con ayuda de un ventilador. Se veía tan pequeña, tan frágil. Marta se acercó, tomó su mano. Estoy aquí, mi amor. Mamá está aquí. Fernando se quedó atrás observando esta escena que debió presenciar hace 12 años, el nacimiento, los primeros días, todos los momentos que se perdió.
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