Un millonario vuelve a la casa de su exesposa tras 15 años… y lo que ve lo deja en shock…

Nos asustaste. Lo siento, no tienes que pedir perdón”, dijo Mateo trepándose a la cama con cuidado. “Solo no vuelvas a hacerlo.” Sofía sonrió débilmente. Luego miró a su madre. “Cuánto tiempo, dos días. Pero ya pasó, ya estás bien. Me duele, lo sé, pero va a mejorar. El doctor lo prometió. El doctor Ramírez entró, revisó los signos vitales, sonríó. Eres una guerrera, Sofía. Tu corazón está latiendo fuerte. Ya no me voy a morir. No por mucho, mucho tiempo.

¿Puedo ir a casa? En unos días necesitamos asegurarnos de que todo sana bien. Cuando el doctor se fue, Sofía miró a Fernando de nuevo. Es verdad lo que dijiste antes de la cirugía. ¿Qué parte? Que eres mi papá. Los niños se quedaron helados. Marta también. Sofía, no es el momento. Comenzó Marta. Quiero saber. Casi me muero. Merezco saber. Tenía razón. Había peleado por su vida. Merecía la verdad. Sí, dijo Fernando. Soy tu padre biológicamente. Diego miró a Fernando, luego a su madre.

¿Qué significa eso? Significa que hace mucho tiempo, antes de que ustedes nacieran, yo conocí a su mamá, explicó Fernando con cuidado. Y nos amamos, pero cometí un error terrible. Me fui cuando no debí hacerlo. ¿Y ahora regresas?, preguntó Diego con desconfianza. Sí. ¿Por cuánto tiempo? Para siempre. Eso es lo que dijo el papá de mi amigo Carlos. Se fue después de dos meses. La observación infantil cortaba más que cualquier acusación adulta. Entiendo que no confíes en mí.

No deberías. Todavía no. Mateo, el más pequeño, miró a Fernando con ojos curiosos. Tú también eres mi papá. Marta intervino rápidamente. Mateo, es complicado. No, interrumpió Fernando. Había tomado una decisión. No es complicado. Sí, Mateo, también soy tu papá. Y de Diego, los tres. Diego parecía aturdido. Los tres. Pero mi papá, mi papá Pedro. Pedro fue su padre en todos los sentidos que importan dijo Fernando con firmeza. Él los crió, los amó, les enseñó. Yo solo compartí sangre con ustedes, pero él fue su verdadero padre.

Diego procesaba la información. Sus ojos se llenaron de lágrimas. No quiero otro papá. Quiero al mío. Lo sé. Y nunca voy a intentar reemplazarlo. Nadie podría. Entonces, ¿qué eres tú? Fernando no tenía respuesta. ¿Qué era él? Un extraño con dinero, un padre ausente tratando de compensar, un hombre roto buscando redención. Soy alguien que quiere conocerlos, estar en sus vidas, ayudarlos. Si me dejan y si no te dejamos, preguntó Sofía desde la cama. Entonces lo respeto, pero no me rindo.

Voy a estar aquí de todos modos, aunque sea desde lejos. Sofía lo miró evaluando, decidiendo. Está bien, puedes quedarte por ahora. Gracias. Pero tenemos reglas. ¿Cuáles? No haces llorar a mamá. ¿De acuerdo? No nos prometes cosas que no puedes cumplir. ¿Entendido? Y si te vas otra vez, nunca vuelvas. La última regla pesaba más que las otras dos juntas. Acepto. Marta observaba. Su rostro era una mezcla de esperanza y terror. Esperanza de que esto pudiera funcionar. Terror de que todo volviera a desmoronarse.

Rosa entró con comida, se detuvo al ver la escena. Los tres niños alrededor de la cama, Marta y Fernando a ambos lados como una familia. Interrumpo. No, dijo Sofía. Ya terminamos de hablar y decidimos darle una oportunidad, pero una sola. Rosa miró a Fernando. No la desperdicies. No lo haré. Los días siguientes fueron un baile cuidadoso. Fernando visitaba cada día. Traía libros, juguetes, pero sobre todo traía tiempo. Se sentaba con Sofía, escuchaba sus historias, sus miedos, sus sueños.

Conoció a Diego, quien amaba los animales y soñaba con ser veterinario. Conoció a Mateo, quien dibujaba constantemente y veía magia en todo. Y lentamente, muy lentamente, comenzaron a confiar. Una semana después de la cirugía, dieron de alta a Sofía. Podía ir a casa. Fernando había preparado algo. Con permiso de Marta, había renovado la casa, no de manera ostentosa, sino práctica. Un techo nuevo, electricidad que funcionaba, camas nuevas para los niños. Cuando llegaron, Sofía miró alrededor con ojos enormes.

¿Hiciste esto? Quería que vinieras a un hogar seguro. Es demasiado. No es suficiente. Nunca será suficiente para compensar los años perdidos. Pero es un comienzo. Diego exploró su nueva cama. Mateo encontró útiles de arte nuevos. Sofía simplemente se sentó en el sofá renovado y lloró. ¿Por qué lloras? Preguntó Fernando preocupado. Porque por primera vez en mucho tiempo no tengo miedo. ¿Miedo de qué? De que el techo se caiga, de que la electricidad falle, de que no tengamos suficiente.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.