Un millonario vuelve a la casa de su exesposa tras 15 años… y lo que ve lo deja en shock…

Sofía lo miró. Gracias. Era la primera vez que le daba las gracias por algo. No tienes que agradecer. Sí, tengo, porque esto esto significa que tal vez te quedarás. Me voy a quedar. Promesa. Promesa. Esa noche, mientras los niños dormían en sus nuevas camas, Marta y Fernando se sentaron en el porche. “Los estás ganando”, dijo ella. Eso está bien. Sí, pero también me aterroriza. ¿Por qué? Porque si te vas, si los decepcionas, el dolor será peor que todo lo anterior.

No me voy a ir, Marta. Eso dijiste antes, lo sé, pero esta vez es diferente. ¿Cómo? Porque ahora sé lo que perdí y no voy a perderlo de nuevo. Marta lo miró buscando la mentira, buscando la trampa. No encontró ninguna. Está bien, te creo. Por ahora era suficiente por ahora, pero lo que ninguno sabía era que el pasado todavía tenía secretos. Uno más, el más grande de todos. Y cuando saliera a la luz, cambiaría todo otra vez.

Porque en un pueblo pequeño, donde todos se conocen, donde las historias pasan de generación en generación, algunos secretos son demasiado grandes para mantenerse enterrados. Y este secreto involucraba no solo a Fernando y Marta, sino a la razón real por la que Fernando se fue hace 15 años. Una razón que ni él mismo conocía completamente. Un mes después, la vida había encontrado un ritmo frágil, nuevo, pero un ritmo al fin. Fernando había alquilado una casa en el pueblo, cerca, pero no invasivo.

Pasaba las tardes con los niños, los llevaba a la escuela. ayudaba con la tarea. Sofía se recuperaba bien. Su corazón latía fuerte, las pesadillas eran menos frecuentes. Diego empezaba a llamarlo Fernando en lugar de Señor. Mateo le había dibujado un retrato que Fernando guardaba en su billetera. Marta observaba todo con cautela esperanzada, como alguien que había sido quemado tantas veces que no confiaba en el fuego, incluso cuando daba calor. Pero un domingo por la tarde todo cambió.

Una mujer llegó al pueblo mayor, elegante, conducía un coche caro. Preguntó por Fernando. Rosa la vio primero. Algo en la mujer le pareció familiar, inquietante. La mujer tocó a la puerta de Fernando. Él abrió y se quedó paralizado. Hola, hijo. Mamá, ¿qué haces aquí? ¿Vine a conocer a mis nietos o pensabas escondérmelos para siempre? Fernando la dejó entrar. Su madre, Patricia miró alrededor con desaprobación apenas disimulada. La casa alquilada era modesta para los estándares de ella. ¿Por qué viniste realmente?

Tu hermana me contó todo sobre la niña, la cirugía, los otros dos. Julia tiene la boca grande. Es tu hermana. Estaba preocupada. Fernando se sentó. Ya había enfrentado demasiados fantasmas. Su madre era otro. ¿Qué quieres? Quiero saber por qué tiraste tu vida por una mujer de pueblo y tres bastardos. La palabra cortó. Fernando se levantó. Sal de mi casa. Fernando. Siéntate. Necesitamos hablar. No tenemos nada que hablar. Sí tenemos. Sobre hace 15 años. Sobre por qué realmente te fuiste.

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