Un millonario vuelve a la casa de su exesposa tras 15 años… y lo que ve lo deja en shock…

Fernando se quedó quieto. Me fui porque tenía una oportunidad. Te fuiste porque yo te obligué. El silencio llenó la habitación. ¿Qué? Patricia suspiró, se quitó los guantes lentamente, un gesto que Fernando recordaba de su infancia, siempre se quitaba los guantes antes de las conversaciones difíciles. El inversionista, el que financió tu primer proyecto, era tu padre. Papá murió cuando yo tenía 10 años. No, tu padre de sangre, el hombre que te dio su apellido, que te crió. Sí, él murió.

Patricia lo miró directamente, pero tu padre biológico estaba vivo y quería conocerte. El mundo de Fernando se tambaleó. ¿De qué estás hablando? Me casé con Rodrigo Castillo cuando quedé embarazada de ti. Él sabía que no era suyo, pero me amaba. Te dio su nombre, te crió como hijo. No, tu verdadero padre era Alejandro Ruiz, el empresario, el millonario, el hombre que apareció 15 años atrás con una oferta que no podías rechazar. Fernando se dejó caer en el sofá.

¿Por qué nunca me lo dijiste? Porque te ibas a casar con esa chica, ibas a quedarte en este pueblo olvidado. Ibas a desperdiciar tu talento. Ibas a ser feliz. corrigió Fernando con amargura. Ibas a ser pobre y yo había luchado demasiado para sacarnos de la pobreza. No iba a dejarte volver a ella. Entonces, ¿qué hiciste? Le dije a Alejandro que querías conocerlo, que querías tu herencia. Él puso las condiciones. Querías el dinero. Tenías que dejar tu vida aquí, mudarte, trabajar con él, demostrar que eras digno.

Y yo, tú eras joven, ambicioso cuando te ofrecí la oportunidad de conocer a tu padre real, de ser parte de su imperio. No lo pensaste dos veces. Mentira, yo dudé. Marta. Marta era un obstáculo, así que me aseguré de que no vinieras con ella. ¿Cómo? Patricia bajó la vista. Por primera vez, Fernando vio vergüenza en su rostro. Le dije a Alejandro que estabas casado, que tenías compromisos. Él dijo que no importaba, que podías traer a tu esposa, pero yo yo no quería que esa chica de pueblo arruinara tus oportunidades.

¿Qué hiciste, mamá? Te dije que Alejandro exigía que fuera solo, que era su condición. Y a Marta le hice llegar una carta. Fernando se levantó de un salto. ¿Qué carta? Una carta tuya. O eso pensó ella, diciendo que habías conocido a alguien más, que el matrimonio había sido un error, que no volvieras a buscarlo. Estás mintiendo. Ojalá, pero no. Patricia sacó un papel viejo de su bolso. Esta es la copia que guardé. Fernando la leyó. Era su letra.

O una imitación perfecta. Palabras crueles que él nunca escribió. Despedidas que nunca dio. Marta recibió esto. Sí. Tres días después de que te fuiste. Todo cobraba sentido. ¿Por qué Marta había cambiado su número? ¿Por qué nunca lo buscó? ¿Por qué cuando él finalmente intentó volver, ella ya estaba con Pedro? Me destrozaste la vida. Te di una vida mejor. Destruiste mi familia antes de que tuviera la oportunidad de crearla. Te di riqueza, éxito, todo lo que querías. Yo quería Marta, quería mi hijo, quería la vida que estábamos construyendo.

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