Patricia se puso de pie. Eras demasiado joven para saber lo que querías. tenía 23 años suficiente para decidir. Y mírate ahora, millonario, exitoso, me vas a decir que te arrepientes cada día de mi vida. La puerta se abrió. Era Marta. Había escuchado todo desde el porche. Es verdad. Su voz temblaba. La carta. Fernando se giró. Yo nunca escribí esa carta, pero la recibí con tu letra, tu firma. Mi madre la falsificó. Marta miró a Patricia, años de dolor convertidos en furia.
Usted me quitó 15 años con el hombre que amaba. Le di a mi hijo un futuro. Le quitó su familia. Le quité la pobreza, el estancamiento. Una vida mediocre. Marta se acercó a Patricia. dos mujeres, dos visiones del mundo, dos ideas del amor. Su hijo tiene tres niños que crecieron sin padre, que lloraron preguntándose por qué no eran suficientes para que alguien los amara, que vieron a su madre trabajar hasta el agotamiento, que conocieron el hambre, la vergüenza, el abandono.
Eso no es culpa mía, es exactamente su culpa. Y la de Fernando por creerle. Fernando se puso entre ellas. Marta, yo no sabía, lo sé, pero tampoco preguntaste, no luchaste. Asumiste que yo te había olvidado y seguiste adelante. Era verdad, dolorosamente verdad. Patricia caminó hacia la puerta. Vine a invitarte a casa, Fernando. Tu padre Alejandro murió el mes pasado. Te dejó todo, 500 millones de dólares. Pero solo si vuelves a la capital, si retomas el negocio. No, ¿qué dije?
No, quédate con el dinero. Dáselo a Julia. No lo quiero, Fernando. Es una fortuna. Es sangre sucia, comprada con mentiras. No la quiero. Está siendo ridículo. Estoy siendo padre. algo que tú nunca me enseñaste a hacer. Patricia lo miró durante un largo momento. Finalmente asintió. Algún día te arrepentirás. Ya me arrepiento de muchas cosas, pero esta decisión no será una de ellas. Su madre se fue dejando silencio en su ausencia. Marta se sentó. Fernando también. 15 años, susurró ella, 15 años destruidos por una mentira.
Lo siento. No fue tu culpa. No, completamente. Debía haber luchado más. Debía haber venido antes. Debía haber para Marta puso su mano sobre la de él. Ya pasó. No podemos cambiarlo. Entonces, ¿qué hacemos? Seguimos adelante con la verdad. Esta vez la puerta se abrió. Sofía, Diego y Mateo entraron. Habían estado con Rosa. ¿Quién era esa señora?, preguntó Sofía. Mi madre, respondió Fernando. Se veía enojada. Lo estaba. ¿Por qué? Fernando miró a Marta. Ella asintió. Porque tomé una decisión que ella no aprueba.
¿Qué decisión? Quedarme aquí con ustedes para siempre. Sofía estudió su rostro. Para siempre de verdad. Para siempre de verdad. Y si ella regresa. Y si te ofrece más dinero. No hay suficiente dinero en el mundo para alejarme de ustedes otra vez. Diego se acercó tímidamente. Podemos podemos llamarte papá. El corazón de Fernando se detuvo si quieren. Pero teníamos otro papá, Pedro, y él siempre será su papá. Nadie puede reemplazarlo, pero tal vez pueden tener dos, uno en sus recuerdos y uno aquí.
Diego pensó, luego asintió. Está bien, papá. Fernando. Mateo corrió a abrazarlo. Tengo papá otra vez. Sofía se quedó atrás. Observando, finalmente se acercó. Una oportunidad más, dijo, “pero es la última. Lo sé, no la desperdicies. No lo haré.” La abrazó. Y por primera vez en 15 años Fernando sintió que estaba exactamente donde debía estar. 6 meses después. La casa de Marta ahora tenía un porche nuevo. Fernando lo había construido con sus propias manos. No contrató a nadie.
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