Un millonario vuelve a la casa de su exesposa tras 15 años… y lo que ve lo deja en shock…

Lo sé, dijo él, y te admiro por eso siempre lo hice. Admiración. Marta se ríó, pero había lágrimas ahora corriendo por sus mejillas. No quiero tu admiración. Quería que estuvieras aquí. Cuando perdí, se tapó la boca. Había dicho demasiado. Fernando se acercó un paso, luego otro. ¿Qué perdiste? Ella negó con la cabeza. Marta, por favor, dime a nuestro hijo. Las palabras salieron como un susurro roto. Perdí a nuestro hijo dos meses después de que te fueras. El mundo de Fernando se detuvo.

Todo sonido desapareció. Solo quedó ese golpe, esa verdad que acababa de romper algo dentro de él que nunca podría repararse. Estabas embarazada tr meses. Te lo iba a decir el día antes de que te fueras, pero estabas tan emocionado con tu oportunidad. No quise arruinar tu momento. Fernando se dejó caer en la silla. Sus manos temblaron. Yo no no sabía. Claro que no sabías. Porque nunca llamaste, nunca escribiste, desapareciste como si nunca hubiéramos existido. El sobre quedaba en la mesa entre ellos, un rectángulo blanco que contenía secretos, secretos que podían cambiar todo o destruir lo poco que quedaba.

“Ábrelo”, dijo Fernando con voz rota. Por favor, después de eso, si quieres que me vaya, me iré y nunca volverás a verme. Marta miró el sobre. Sus manos temblaban cuando lo alcanzó. Lo que estaba a punto de descubrir cambiaría todo lo que creía saber sobre estos 15 años de abandono. Marta abrió el sobre con manos temblorosas. Dentro había documentos, muchos documentos. los desplegó sobre la mesa coja, uno por uno. Su rostro cambió a medida que leía. Primero confusión, luego incredulidad, finalmente algo parecido al shock.

¿Qué es esto? Certificados bancarios, respondió Fernando. A tu nombre. Esto dice, Marta volvió a leer como si las palabras pudieran cambiar. Esto dice 20 millones de dólares. Sí, estás loco. Ella arrojó los papeles sobre la mesa. ¿Crees que puedes comprarme? ¿Que puedes llegar aquí con dinero y borrar todo? No es eso. Entonces, ¿qué es? Fernando se levantó y caminó hacia la ventana. Afuera, los tres niños jugaban en el patio de tierra. Sofía empujaba a sus hermanos en un columpio hecho con una llanta vieja y cuerda.

Cuando me fui comenzó, firmamos papeles, ¿recuerdas? Firmamos muchas cosas. El matrimonio, la hipoteca de la casa que nunca terminaste de pagar. No, otros papeles. Mi socio, el inversionista, insistió. Dijo que era protección, que si algo me pasaba, tú estarías cubierta. Marta frunció el seño, tratando de recordar. Yo estaba tan emocionada de que te fueras a cumplir tu sueño que firmé sin leer. Confiaba en ti. Ese documento establecía que el 50% de todo lo que yo ganara sería tuyo automáticamente, sin importar si estábamos juntos o no.

Silencio. Un silencio tan profundo que se podía escuchar el viento moviendo las hojas secas del patio. Estás diciendo que que cada edificio que construí, cada proyecto que completé, cada peso que gané en estos 15 años, la mitad siempre fue tuya legalmente, por contrato. Marta se dejó caer en la silla. Sus piernas no la sostenían. Entonces, ¿por qué vivo así? Su voz era apenas un susurro. ¿Por qué mis hijos van descalzos? ¿Por qué comemos frijoles todos los días?

Porque nunca reclamaste lo tuyo. Y yo, Fernando, cerró los ojos. Yo fui un cobarde. Explícate. Después del primer año, cuando el negocio explotó, cuando el dinero empezó a llegar, supe que debía volver, cumplir mi promesa, pero cada mes que pasaba era más difícil. Tenía tanto trabajo, tanta presión. me decía a mí mismo, “Un mes más, solo un mes más, y tendré todo listo para regresar por ella.” Y un mes se convirtió en seis. Seis en un año.

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