El momento se hizo añicos cuando su asistente se acercó corriendo, pálida de pánico.
"Hay una reunión de emergencia de la junta. Alguien intenta destituirte. Han filtrado material perjudicial".
Las manos de Alara empezaron a temblar.
Daniel ya se estaba moviendo.
Mezcló azúcar con agua y se la entregó.
"Bebe. Ahora".
Su respiración se estabilizó.
"¿Para qué ayudarme?", susurró más tarde.
“Porque tu hija te necesita viva”, respondió Daniel con sencillez.
Los trasladaron a una habitación privada. Alara se dio cuenta de que el colapso no fue casual, sino planeado. Alguien quería que se fuera.
Daniel escuchó, tranquilo y analítico.
“Esto fue planeado”, dijo. “Están usando tu agotamiento en tu contra”.
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