Un niño blanco pateaba el asiento de una mujer negra hasta que su madre la llamó "mono negro". La reacción de la aerolínea provocó escalofríos en toda la cabina...
El vuelo debería haber transcurrido sin problemas.
El embarque del vuelo 237 de American Airlines comenzó una tranquila tarde de jueves. Los pasajeros se acomodaron en sus asientos, con una mezcla de cansancio del viaje y la habitual charla informal. Sentada en el asiento 14C, Aisha Carter, una ingeniera de software de 29 años, de rostro amable y tranquila confianza, se acomodaba tras una larga conferencia tecnológica.
Se puso los auriculares, cerró los ojos y respiró.
Pero la paz no duró mucho.
Al principio, solo era una ligera punzada en la espalda baja.
Nada inusual. A los niños a menudo les costaba quedarse quietos.
Pero los golpes se convirtieron en patadas.
Más fuertes.
Más persistentes.
Aisha se giró con una sonrisa paciente.
"Cariño... ¿podrías dejar de patear mi asiento?"
El niño —Ethan, de unos ocho años— la miró fijamente. Una mirada vacía, fría e indiferente. Murmuró algo que ella no pudo oír.
Su madre, Linda Brooks, no apartó la vista del teléfono. Ni una palabra. Ni una mirada.
Unos minutos después, otro ruido fuerte golpeó la espalda de Aisha tan violentamente que fue arrojada hacia adelante.
Respiró profundamente para tranquilizarse y presionó el botón de llamada.
La primera advertencia por parte de la azafata
Megan, una joven azafata de mirada amable, llegó rápidamente.
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