Un viudo millonario se escondió para ver cómo su novia trataba a sus trillizos hasta que. Un viudo millonario se escondió para ver cómo su novia trataba a sus trillizos hasta que…

Traía puesta una sonrisa elegante, esa misma sonrisa que usaba en eventos sociales donde la gente la elogiaba por su gracia, su educación y su supuesto amor por los niños. Pero en cuanto cruzó el umbral de la sala y creyó que estaba completamente sola, la sonrisa se desvaneció de manera abrupta, revelando un rostro impaciente, afilado, como si su verdadero carácter se hubiera quitado una máscara.

“Niños,” ordenó con un tono seco que hizo eco en la habitación. “Siéntense y no toquen nada. No quiero desorden.”

Los trillizos reaccionaron de inmediato. Sofi abrazó con fuerza su muñeca favorita como si fuera un escudo contra el mal. Mateo bajó la mirada, jugando nervioso con sus dedos. Y Luca, el más valiente, tragó saliva antes de tomar la mano de sus hermanos, tratando de mantenerse firme, aunque no pudiera esconder del todo la sombra de miedo que cruzó por sus ojos.

Desde la penumbra del pasillo, Diego sintió cómo algo dentro de él se tensaba, un nudo que apretaba su garganta mientras observaba escenas que jamás imaginó presenciar. Su mente buscaba excusas automáticas. Quizá era un mal día. Quizá estaba cansada. Pero su intuición, esa voz que rara vez le fallaba, le susurraba que lo que veía no era un accidente, sino una verdad que había estado oculta bajo capas de encanto superficial.

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