Etapa 1. "Por favor, déjenla entrar": cuando el pasado entra sin llamar
La secretaria cerró la puerta tras Victoria. Sus tacones marcaban un ritmo seguro, casi teatral, sobre el parqué; entró como si entrara en un aula: como si todos estuvieran de pie.
Cinco minutos antes, había dicho: "¿Limpias los baños aquí?" y desapareció por el pasillo, dejando tras de sí un ligero aroma a perfume caro y superioridad barata.
Ahora, la misma sonrisa refinada de "Yo mando aquí" estaba en su rostro. Aún no se había dado cuenta de que la puerta por la que había entrado era la equivocada.
"Sofía..." Se quedó paralizada por una fracción de segundo al reconocerme. Su sonrisa se desvaneció, como una máscara rozada por un dedo demasiado brusco. "Sofía Konstantinovna... ¿Eres... tú?"
Me senté a la mesa y observé con calma, sin placer. No porque fuera "superior". Sino porque hacía tiempo que no había lugar en mi vida para sus juegos. “Sí, Victoria. Siéntate”, dije con calma. “¿Empezamos la entrevista?”
Intentó recomponerse, como si cambiara de modo en su teléfono.
“Por supuesto. Estoy… muy contenta…”
Su mirada recorrió la oficina: libros de estrategia, un plan de desarrollo de proyecto en la pared, una maqueta del complejo de apartamentos en la estantería, una foto enmarcada de su hijo. Y un cartel junto a la puerta, que al parecer no había visto en el pasillo: “Directora de Desarrollo Estratégico”.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
