"Victoria, no logré entrar. Estaba trabajando." Y ahora también te juzgan por tu trabajo.
Pálida. Me di cuenta de que había dicho demasiado. Empecé a defenderme:
"No es eso lo que quise decir... Es solo que... ¿entiendes?"
"Entiendo", dije en voz baja. "Sigues intentando hablarme como en la escuela.
Solo que hace mucho que no vamos a la escuela".
Etapa 4. La prueba del respeto: Cuando una persona muestra su verdadera cara.
Abrí un archivo en mi tableta.
"Hagamos un pequeño ejercicio. Imagina: un cliente no está contento porque el gerente no cumplió con una fecha límite y está intentando 'traducirlo'".
"Flechas". ¿Qué haces?
Victoria se animó; eso se acercaba más a su "estilo".
"Te lo explicaría... maravillosamente. Lo convertiría en una broma. Suavizaría las cosas. Ya sabes lo importante que es..."
"No", la interrumpí suavemente. "'Maravillosamente' no es una estrategia. ¿Qué exactamente? ¿Qué pasos?"
"Te llamaría, concertaría una reunión..."
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