Una compañera de clase me humilló en la oficina y luego 5 minutos después vino a mí para una entrevista.

Etapa 5. El pasillo y el silencio: Cuando la "Reina" lo recorre por primera vez sin aplausos
Nos fuimos. La secretaria levantó la cabeza. Varios empleados que pasaban aminoraron el paso; lo recordaban todo con claridad.

Victoria caminó a mi lado, como si de repente le pesaran los tacones. Y en un momento dado, dijo en voz baja:

"No quise... es solo que... todo se me vino abajo".

Sonaba casi humano. Pero conocía el valor de la compasión, que enmascara la responsabilidad.

Nos detuvimos en el mismo lugar donde me humilló.

"Aquí", dije. "Aquí dijiste lo que dijiste". Si quieres continuar, diles que lo siento. De verdad.

Victoria miró las caras. Las caras extrañas e indiferentes. Nadie allí era su público. Nadie allí le tenía miedo.

Abrió la boca y la cerró. Sentí una punzada en la garganta.

"De acuerdo", exhaló y dijo en voz baja, "Perdóname... si... fui grosera".

Fue débil. Pero fue más de lo que había hecho en toda su vida escolar.

La miré.

"Gracias. Ahora podemos terminar la entrevista".

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