11. El silencio que se convirtió en sentencia de muerte
Pasaron las semanas.
Chloe fue con sus padres.
Su familia le dio la espalda.
Se reían de él en el trabajo.
Se quedó con un apartamento vacío y dos fotografías:
— la primera: una chica de Annecy, su hija, a quien había perdido para siempre;
— la segunda: una chica de Lyon, a quien no había sabido amar.
Y por primera vez en su vida, Mark comprendió:
Fue él quien arruinó su destino.
No el destino.
No las mujeres.
Él.
Conclusión
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